El contrabando una decisiva vía comercial (Venezuela Colonial)

Hacia fines del siglo XVII, el contrabando se constituye como una decisiva vía comercial para la entrada y la salida de productos agropecuarios en Venezuela. En el siguiente siglo, esta instancia mercantil ilegal ha penetrado las profundas redes de control político-administrativo de las autoridades peninsulares y las élites locales, llegando a ser un complejo entramado de distribución al mayor y al menudeo en todo el país, así como de intercambio de productos con otras naciones. Factores de tipo geográfico, económico, social y cultural incidieron en la consolidación de esta práctica mercantil ilícita, la cual funcionaba principalmente en áreas donde el comercio regular no se había establecido del todo. 

De hecho, la relativa importancia que tuvo Venezuela en el tráfico de mercaderías en el circuito metropolitano, dada la escasa posibilidad de extracción de metales preciosos, le facilitó a sus habitantes —debido al precario control y la casi inexistente vigilancia de sus extensas costas— un gran espacio de movilidad para el comercio no autorizado por las autoridades españolas, lo cual permitió a su vez una gran libertad de acceso a Tierra Firme. 

Igualmente, la falta de vías de comunicación entre las diversas regiones de la Provincia propició una relación estrecha con las islas caribeñas cercanas, algunas de éstas vinculadas con colonizadores de Francia, Inglaterra y Holanda, quienes se convertirían en intermediarios de los centros de comercio europeo. Por lo general, el contrabando se realizaba a través de la navegación por extranjeros, teniendo a la isla de Curazao, ocupada por holandeses, como núcleo irradiador hacia el Caribe. Esta pequeña isla era utilizada como gran depósito de productos europeos (así como, en menor medida, Bonaire y Aruba) y de acopio de bienes americanos, funcionando como enlace con el resto del área, desde donde se extraían mercancías que serían trasladadas a las metrópolis. 

Pese a las severas restricciones que quiso imponer el Imperio español con la creación de la Compañía Guipuzcoana (1728-1785), consistentes en reformas que respondían a una avanzada político-administrativa de “reconquista” de América por parte de la dinastía Borbón, el contrabando, aunque con algunas variables, no dejó de ser hasta el fin del dominio español sobre Venezuela, a principios del siglo XIX, un destacado e inevitable recurso de traslado de mercancías, y una base económica de incuestionable relevancia. 

La lucha contra el contrabando 
La Corona española intentó reprimir severamente el contrabando en la Capitanía de Venezuela. A tal efecto estipuló la figura de los Resguardos, que podían ser marítimos o de tierra. Se implementó una flota compuesta por embarcaciones menores encargadas de enfrentarse a las naves que intentaran el contrabando en las playas, pequeñas caletas o ensenadas. Por otra parte, las embarcaciones mayores se encargaban de vigilar las costas procurando apresar las naves de contrabandistas en alta mar. También se dispusieron los Resguardos de tierra, fortaleciendo la vigilancia de puntos clave, construyendo fortines, almacenes, y enlistando soldadesca en zonas específicas. A estos últimos se les denominaba Partidas Volantes, las cuales se constituían en pequeñas guarniciones armadas que recorrían puntos costeros tradicionales de contrabando. A lo largo del siglo XVIII, el funcionamiento de los Resguardos tuvo una irregular efectividad.  

LOS PELIGROS DE TIERRA 
“En tierra los peligros serían mucho mayores que en el mar, si la miseria y el vicio no hiciesen de la vigilancia y de la severidad de los guardas una mercancía que no necesita sino compradores. Las condiciones de la transacción no son tan fáciles ni tan moderadas en el puerto como en el campo. Estorbados por los oficiales de aduana, de quienes temen ser destituidos, los guardas se conducen con más probidad y circunspección.”  Francisco Depons. Viaje a la parte oriental de tierra firme en la América meridional. Caracas, BCV, 1960, t. II, pp. 140-141. 

EL CONTRABANDO Y LAS IMPRUDENCIAS PELIGROSAS
Tres formas de ingresar mercadería ilegalmente, según Depons: "…la primera es entrar en el puerto con su barco, y arreglarse con los guardias para descender a tierra durante la noche lo de más valor y menos volumen del cargamento. Sería una imprudencia peligrosa descargarlo todo de contrabando aun cuando se pueda hacerlo, porque es preciso que la declaración a la aduana contenga algunos objetos que justifiquen el viaje del barco. La segunda manera consiste en obtener de los empleados de la aduana que disminuyan la medida, el peso o la evaluación de las mercancías declaradas o por declarar. Por este medio no es difícil economizar, con consentimiento de los principales oficiales, los derechos de la tercera parte o de la mitad del cargamento; los incumplimientos y las excesivas atenciones hacen una gran parte de los gastos de estos negocios y los regalos los completan. El tercer modo consiste en desembarcar en un punto de la costa bastante alejado de los puertos frecuentados y llevar las mercaderías por tierra al lugar de su destino. Este medio más decisivo que los dos primeros, es también el más peligroso. Con él se arriesga no sólo ser cogido por los guardas, sino sufrir averías más o menos importantes". Francisco Depons. Viaje a la parte oriental de tierra firme en la América meridional. Caracas, BCV, 1960, t. II. 

Escrito por Eduardo Cobos. Foto de Irvin Colmenares, Tepuy. 

Comentarios