La economía cimarrona (Venezuela Colonial)

El sistema económico, durante todo el período colonial, estuvo casi por completo fundamentado en la mano de obra representada por el sector de africanos esclavizados. En tal sentido, las plantaciones jugaron un papel fundamental dentro de las actividades económicas de la Provincia de Venezuela. No obstante, el descontento generalizado de este sector tendió constantemente a tomar la vía de la radicalización. 

Es así como el cimarronaje se convirtió en la demostración más palpable de la resistencia ante las condiciones de vida deplorables impuestas por la condición de esclavizados. Las consecuencias que trajeron estas prácticas afectaron no sólo las arcas de los dueños de esclavos, sino también la propia distribución y ubicación de la población en el territorio venezolano. 

Cimarroneras, cumbes, quilombos o palenques son tan sólo algunas de las denominaciones dadas a las comunidades de esclavos, escapados de las haciendas y casas de sus patrones, quienes se internaban en las zonas montañosas y selváticas. Estos lugares, debido a sus características geográficas, se convirtieron por lo general en el refugio perfecto para los fugitivos, aunque también albergaban a comunidades aborígenes, a blancos pobres y a cualquier hombre o mujer que viviera al margen de los principales centros poblados. 

Las comunidades cimarronas se constituyeron como poblados independientes, con dinámicas propias de desenvolvimiento. Muchas de ellas sustentaron su funcionamiento en la estrecha relación y cercanía con respecto a las grandes unidades productoras agrícolas. De las haciendas y propiedades sustraían productos alimenticios, principalmente el cacao, que luego eran usados para el comercio ilegal. 

La vinculación de estas poblaciones rebeldes con el contrabando fue de gran relevancia, dada su relación de interdependencia con los comerciantes holandeses. 

Éstos siempre estuvieron merodeando las costas venezolanas a la espera de poder adquirir por intermedio de los cimarrones lo que por los canales regulares no podían conseguir. La ubicación geográfica de los centros cimarrones contribuyó en gran medida a estrechar esta relación, ya que su cercanía del mar facilitaba el acceso directo a las embarcaciones de los contrabandistas. 

Hacia el siglo XVIII, el aumento del flujo comercial y monetario que generaron estas poblaciones trajo como consecuencia un incremento significativo en el número de asentamientos a lo largo de todo el territorio venezolano. Las cifras exactas de la cantidad de ingresos y egresos por concepto del comercio ilegal realmente son difíciles de estimar, ya que las autoridades coloniales nunca pudieron controlar el intercambio directo entre pobladores y contrabandistas. El preciado cacao se convirtió en el principal producto por comerciar y muchas haciendas se vieron empobrecidas gracias al constante robo de sus cosechas. Además, numerosos esclavos internos sirvieron de puente con los cimarrones para facilitar su hurto de los productos. 

La economía cimarrona en estas comunidades se convirtió en un sistema paralelo que complicó el registro formal de los flujos comerciales llevado a cabo por las instituciones encargadas de ello. Sin embargo, contribuyó notablemente en el desarrollo de estas regiones, muchas de las cuales lograron perdurar en el tiempo hasta ser hoy en día poblados que concentran en sus características las herencias africanas no sólo económicas, sino también culturales, de sus antepasados. Los cumbes se tradujeron así en la expresión vívida de los anhelos de libertad de aquel sector ampliamente excluido de la sociedad colonial. 

Escrito por: Karín Pestano y Luisángela Fernández. Fotografía de West Indian Moving Portraits.

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