Productos de la Economía venezolana (Venezuela Colonial)

El cacao es oriundo de América. En la actualidad se tienen vestigios arqueológicos que prueban su utilización por indígenas venezolanos antes de la llegada de los españoles y de seguro el consumo interno era un hecho a inicios del siglo XVI. Posteriormente, el cultivo se extendió a toda la franja costera desde Maracaibo hasta la isla de Trinidad. Pero es sólo en los primeros años de 1600 cuando comienza a generalizarse la exportación desde el país, siendo los mercados mexicano y europeo sus lugares tradicionales de comercio. El cacao desplazó totalmente a otros productos de exportación, convirtiéndose a lo largo del siglo XVIII en una gran fuente de enriquecimiento de las clases mercantiles y agricultoras criollas. Al ser centro de constantes atenciones de la Corona española para intentar su monopolio, y debido a los altos impuestos convenidos para ser aplicados a la élite, el contrabando del cacao con otras naciones fue una práctica corriente. 

El tabaco
Autóctono de América, el tabaco fue descrito por cronistas en el siglo XVI como de uso cotidiano por los indígenas venezolanos, empleo que de inmediato se extendió al invasor español. Muy pronto se convertiría en uno de los principales productos exportables debido a su facilidad de cultivo, una demanda constante y los buenos precios de su comercialización. De esta manera, su consumo se propagó muy rápido, propiciando su plantación en casi todo el territorio colonial y siendo las cosechas de Barinas las que atraerían especialmente la atención internacional por su calidad (Humboldt señaló que era muy superior al que se elaboraba en Virginia y lo igualó al de Cuba). A diferencia de otros productos que tuvieron un más estricto control imperial por los ingresos que generaban, la historia del tabaco se vincula en particular al desarrollo del comercio ilícito, el cual tuvo en Holanda, a través de Curazao, un gran aliado para su comercialización clandestina con diversas naciones de Europa. 

El Estanco del Tabaco 
El 24 de junio de 1777 fue creado por decreto real el Estanco del Tabaco, que implicaba una intervención directa del Estado monárquico en la economía. Para ese momento, el imperio español requería cubrir sus crecientes gastos de defensa. Con la finalidad de monopolizar los ingresos que el producto representaba, el Estanco del Tabaco pretendía dar a la monarquía el control total sobre la producción, procesamiento y sistema comercial de este rubro. Pese a la oposición de los productores, el Estanco del Tabaco logró perfilar un sistema de producción y exportación exitoso. La producción de tabaco fue destinada —siempre bajo la administración del Estado español— a los mercados de Rusia, Dinamarca, Suecia y Holanda. 

Venezuela contribuyó considerablemente al abasto mundial de tabaco. Desde finales del siglo XVI ya se exportaban grandes cantidades de este producto por el puerto de Maracaibo, al que muy pronto le siguió el de La Guaira, desde donde se exportaron 358.000 libras durante el año de 1607, con un precio de 50 reales la arroba. Sin embargo, el contrabando y su siembra clandestina produjeron altibajos en sus formas de comercio durante la mayor parte de los siglos XVI I y XVI I I. 

El tabaco es otro de los productos importantes de la economía colonial venezolana. Cristóbal Colón llevó la noticia del uso de esta planta por parte de los aborígenes, describiendo las “maneras bárbaras de los indios salvajes, ateos y esclavos, que tienen un hábito vil y pestilente”. 

Aguardiente de caña 
Pese a la prematura entrada de la caña de azúcar con la llegada de los invasores españoles a Venezuela, su cultivo sólo se consolidó en el transcurso del siglo XVIII, creándose una estable fuente de recursos económicos internos. Pero la calidad irregular del azúcar hizo imposible su exportación. Por su parte, el aguardiente, uno de los derivados de esta caña, logró gran difusión y consumo. La Corona española intentó prohibir su producción, alegando pretextos moralizantes. Sin embargo, estas restricciones provenían de la amenaza que ocasionaba el aguardiente ante otros alcoholes etílicos similares en la Península y en Islas Canarias, que dependían de la distribución hacia los mercados americanos. Debido a la lejanía de la Colonia y a la gran extensión de su territorio estas reglamentaciones se toparon con la dificultad de controlar el destilado, condiciones que facilitaron la instalación y aprovechamiento de alambiques clandestinos en innumerables cañaverales del país, que contaban además con un intrincado y efectivo contrabando al mercado del menudeo. 

Cueros 
La exportación de cueros fue auspiciosa después de establecerse a comienzos del siglo XVII, debido a las grandes cantidades de ganado cimarrón con las que contaba el territorio de Venezuela, constituyéndose además como un importante renglón de la economía interna. Sin embargo, para el siguiente siglo su bonanza ha mermado notoriamente por la falta de infraestructura para obtener mejor provecho de la producción, dando paso a otros enseres de mayor éxito en los mercados internacionales. Por su parte, la Compañía Guipuzcoana intenta conducir la comercialización de los cueros, a bajos precios, como paliativo en momentos de la esporádica escasez de cacao, lo cual alienta el contrabando. Hacia finales del período colonial, la recuperación de este rubro es un hecho y la práctica clandestina de su distribución llega a un tercio de la comercialización regulada. 

Productos importados 
Harina de trigo: fue introducida por los españoles, que la utilizaban como base privilegiada de su dieta. Además, con la harina de trigo se preparaba la hostia que oficiaba la misa. De inmediato el trigo se aclimató a los suelos venezolanos, y para fines del siglo XVI era parte de la economía de subsistencia local y había logrado tener cuotas discretas de exportación, las cuales no se podrían incrementar por la competencia con artículos tropicales más rentables. Posteriormente, su producción fue mermando (aunque persistió su cosecha en ciertos lugares) hasta el punto de tener que importarse a altos costos, pudiendo ser sólo consumida por las clases privilegiadas en el siglo XVIII, cuestión que alienta su contrabando a través de Curazao. 

Otros productos: por lo general, los productos importados eran consumidos por criollos blancos y españoles, siendo requeridos principalmente alimentos, vestidos o diversos enseres. Entre éstos se pueden nombrar el vino y los licores, los quesos, especias, textiles (finos o burdos), sombreros, capas, polainas, o bien espadas, dagas, entre otros. 

Aceites comestibles: en el país se obtenían aceites de animales como la res o la tortuga. Los indígenas lo conseguían esporádicamente del guácharo. La importación se centraba en el aceite de oliva, que era la base de la cocina peninsular. 

Rubros importados por la Compañía Guipuzcoana: entre los rubros de importación manejados por la compañía vasca figuraban ropas finas, sombreros, canela, vino, pólvora, acero, paños, lanas, ferretería, ropas de lino, cera y pólvora, así como jamones, chorizos, bacalao, salmón, quesos de Flandes, licores, aceite, especería, sacos de embalaje, telas de la India. Las importaciones del año 1760 registraron 11.432 barriles de harina de trigo, 6.241 barriles de aguardiente, 484 botijas de vino tinto, 9.233 botijas de vino blanco, 13.600 botijuelas de aceite de oliva, 3.200 botijuelas de aceitunas, 242 arrobas de almendras, 172 arrobas de pasas, 999 piezas de jamón francés, 1.655 piezas de queso holandés, 5.400 libras de bacalao seco y 170 tinas de manteca. 

Escrito por Eduardo Cobos y Jesús Peña. Foto de  Víctor Castelo, plantas de Tabaco.

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