Ritual en Menguante: los Guáimaros estado Mérida

Seguimos vía Occidente de Venezuela, nos dirigimos al estado Mérida, uno de los lugares turísticos más famosos del país, no sólo por sus páramos, montañas, clima, amén de sus acogedores pueblos típicos andinos de vocación agrícola. Precisamente, Mérida es uno de los estados de Venezuela en donde legiones de familias se han dedicado a la producción artesanal en toda su gama, variedad y calidad, desde la época prehispánica hasta la actualidad. 

Recorremos la carretera Trasandina, hasta llegar a nuestro destino, los Guáimaros, cerca de la capital, Mérida, caserío ubicado en el Municipio Campo Elías. La sabia naturaleza dotó a esta comunidad de varios tipos de suelos, los cuales permiten desarrollar la agricultura y proveer de materia prima a las(os) artesanos, herederos de una tradición locera que se resiste a desaparecer. Al igual que en la mayoría de las comunidades visitadas el hogar cumple las funciones dobles casa-taller de trabajo, labor realizada en equipos familiares en donde cada una(o) realiza una tarea. 

Cuentan loceras y loceros que sus antepasados, les han legado un cúmulo de saberes y conocimientos asociados a su contexto natural, geohistórico y cultural. La extracción del barro de la mina, “el aporreo del barro”, el amasado,” el picado” de la leña para la quema y la quema misma debía hacerse con la luna en menguante y no en otra fase, de manera de garantizar la calidad de los productos y el éxito en todo el proceso de producción artesanal de la “loza criolla”, ya que las piezas “ni se rajan ni se agrietan”. Costumbre bien arraigada en la población locera de esta y otras comunidades visitadas, que se repite como un ritual en menguante. En cuanto a la materia prima, para llegar a la mina donde se extrae la arcilla se llega a pie, luego de escalar una montaña en donde los chivos son amos y señores de este remanso de paz. Allí mismo “aporrean el barro” y lo colocan en grandes y pesados sacos que por lo intrincado del camino se convierte en toda una proeza bajarlos hasta el centro poblado, labor que realizan hombres, mujeres y niños. 

Producen piezas utilitarias tradicionales e innovadoras, ornamentales y religiosas: soperas, jarras, pailas con tapas, freideras, hueveras, nacimientos. Los objetos típicos y con más demanda del mercado nacional pertenecen a la línea de la batería de cocina, incluyendo la más variada gama de vajillas, con tonalidades en variados colores, que reflejan creatividad de estos hacedores y el sello de cada artesana(o). El pato, la jarra de boquilla pequeña, la múcura, la tinaja, alcancías en forma de cochinos pequeños, budares, hueveras realizadas como gallinas, sartenes, mondongueras, sancocheras, materos, pasticheras, sartenes, juegos de café (tazas y colador), todos de muy buena calidad. 

Por iniciativas de las loceras han dictado talleres a los alumnos de la Escuelas Bolivarianas “Los Guáimaros,” con la finalidad de revitalizar y revalorizar la producción artesanal, vale decir, captar a las nuevas generaciones para que esta tradición no desaparezca y sientan orgullo por el aporte que ha hecho la comunidad artesanal para la protección y defensa de las identidades y diversidad cultural del pueblo venezolano. 

Escrito por Flor Alba Cabrera E. Carretera a Mérida foto de Cristian Borquez. 

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