José Bengoa: La emergencia de las memorias

Los sectores excluidos de la sociedad, entre ellos los indígenas, son también por lo general excluidos de la Historias oficiales. Las historias Republicanas, sobre todo en América latina han sido y son un intento de relatar la voluntad de unidad del Estado. Es por ello que los niños en las Escuelas suelen ser bombardeados con fechas de batallas, nombres de próceres, en fin, la historia centralizada, lo más posible, del Estado. Muchas veces ese Estado que aparece ya construido desde una cierta eternidad mística, es y ha sido un complejo proceso en construcción, no siempre exitoso, tanto ideológico político como técnico profesional. 

La emergencia indígena en América Latina que ha ocurrido en los últimos quince a veinte años, ha puesto en cuestión esta memoria centralizada del Estado republicano. La disolución del concepto unificador de “pueblo” a partir de la década del setenta en América Latina, conmocionó las estructuras unitarias del Estado. Al disolverse el común apelativo “Pueblo”, surge un conjunto abigarrado de especificidades que se encontraban muchas veces ocultadas. Los indígenas que en muchos países como Perú, Bolivia y Chile, que eran reconocidos como “campesinos”, el sector rural del pueblo, comienzan a expresar sus raíces y características étnicas. Hay una “etnización” del pueblo en los últimos quince años a lo que denominamos “emergencia indígena”. 

Presencia cada día más activa de los indígenas, en su calidad autoatribuida de indígenas, en la vida pública y política, exige también su presencia en la memoria nacional. La exclusión de las memorias étnicas de la “Memoria Nacional” no es compatible con la activa presencia que expresan en la actualidad. Esa contradicción se hace evidente en los programas escolares, que en la mayor parte de nuestros países siguen siendo de marcado carácter “hispano conquistador” (La primera etapa de la historia se la denomina “Descubrimiento” y la sociedad histórica comienza con la Conquista y Colonia, lo anterior es denominado pre historia) y “criollo republicano”, (la Nación surge y tiene su fundamento en la Patria del Criollo). Las culturas y pueblos indígenas quedan normalmente confinadas a un confuso período, en algunos casos heroico, anterior a la Conquista o al choque fecundo que produjo el mestizaje. 

El debate actual se refiere al modo cómo estos relatos y memorias excluidas pueden y deben ser parte de un relato común, democrático, que permita a todos y todas, sentirse parte de un conjunto social denominado Nación. En muchos países hay procesos de reformas educativas, y estos asuntos son extremadamente controvertidos y difíciles de abordar. Lo que no cabe duda es que si la memoria no es compartida, es muy difícil que se compartan los mismos valores y perspectivas de vida social. 

El fenómeno si bien tiene una particularidad en América Latina y en los países con poblaciones indígenas, es parte de un fenómeno general. Los fenómenos asociados a la denominada “globalización” condujeron a cuestionar profundamente las unidades denominadas “Naciones”, por lo general construcciones voluntariosas tendientes a aunar a las personas y a ahogar la diversidad de los colectivos. Las minorías que fueron “toleradas” se debieron mantener en un segundo plano del relato o simplemente no esperar aparecer siquiera en el relato nacional, teniendo sus relatos paralelos y subalternos. En los últimos veinte años este esquema discursivo ha sido erosionado. La existencia de migraciones internacionales por ejemplo, ha llevado a las colonias, excluidas del relato nacional, a estar presentes en el centro del espacio nacional y por tanto a exigir su presencia en la memoria. El debilitamiento de las fronteras nacionales ha permitido la aparición de nuevas fronteras étnicas. 

Bibliografía: José Bengoa, La emergencia indígena en América Latina, pagina 14/15 y 16, Editorial Fondo de cultura económica, año 2000. 

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