Jorge Barreto Manos creadoras

Jorge Barreto nació en Maracaibo, en 1942. Se crió en campos petroleros. En los años sesenta fue a estudiar ingeniería eléctrica en la Texas Tech University de Lubboock, en Estado Unidos de América. Después de haber cursado varias materias de la carrera, optó por cambiarse a la facultad de Arquitectura y Diseño. 

Entonces tomó un curso de cerámica que le cambió la vida, pues encontró su vocación. Más tarde, en 1969, obtuvo un título de licenciatura en Arte, mención Cerámica, y se regresó a Venezuela. Al volver, sintió una gran necesidad de conocer el país, y pensó que la mejor forma de hacerlo era a través de la artesanía que en Venezuela se realiza. Entonces viajó por toda Venezuela tras la pista de sus artesanos. 

Luego de haber tenido algunas experiencias laborales, como asistente de escenografía en un canal de televisión, docente en un plantel de bachillerato y copista de piezas precolombinas en el Museo Antropológico de Quíbor, decidió fundar, en 1973, el Taller Tierra Quemada. En sus comienzos el taller quedaba dentro de la ciudad de Cabudare, actualmente está ubicado en las afueras, en la Campiña, un sector verde y fresco donde vive y trabaja rodeado de bosques de tejas y jardines con especies de palmeras provenientes de diversos lugares del mundo. El nombre que le puso a su taller resume y sugiere muy bien de qué se trata su oficio: juntar tierra y fuego para generar objetos que sean testimonios de la aventura humana.  

El Taller Tierra Quemada es una nave alta, grande y abierta en donde se preparan esmaltes de colores, se procesa la arcilla y se diseñan, tornean, moldean, queman pintan y exhiben variedad de piezas. Cada uno de estos procesos tiene compartimentos contiguos. Así, por ejemplo, en lugar de procesamiento de la arcilla se recibe la materia prima, que viene de Sanare, para molerla, cernirla, mezclarla, amasarla y empacarla. 

El lugar para el diseño y moldeado de las piezas es un espacio más resguardado, frente a un pequeño bosque de palos de Brasil, que permite que Jorge se concentre. En este compartimento se detiene a reflexionar acerca de la importancia que la invención del torno de alfarero ha tenido para la historia de la humanidad. No duda en equiparar su invención con la creación de la rueda. Después de todo, el torno es una rueda horizontal que gira mecánicamente para transmitir la energía centrífuga al barro que se está modelando. 

El primer torno que tuvo fue de pedal. Más tarde, buscando la optimización del proceso, le adaptó un motor de nevera. El lugar donde se queman las piezas está formado por varios hornos en línea que han sido diseñados o adaptados al entorno. El espacio donde se preparan los esmaltes y pigmentos es aireado y está lleno de frascos con cobalto, feldespato, caolín, sílice, óxido de hierro, cobre o titanio, mientras que el lugar donde se pinta en frío y se exhiben las piezas es un salón acogedor con un ventanal desde el cual se ven los penachos de las palmeras. 

La sentencia de Simón Rodríguez. “inventamos o erramos”, se puede aplicar perfectamente a la vida de Jorge Barreto, maestro ceramista de Tierra Quemada y precursor de la cerámica utilitaria en Venezuela. Él ha tenido que ensayar, diseñar, adaptar y construir sus propias herramientas de trabajo para mantener su autonomía como creador: “Yo no tengo que importar nada para producir, porque yo creo que la única forma de ser libres es a través del ensayo y la educación”, expresa este maestro curioso y emprendedor, quien además es submarinista, tecnólogo popular, artista de la madera policromada y coleccionista de artesanía y objetos raros. 

El Taller Tierra Quemada estuvo cerrado por varios años, que coincidieron con la enfermedad de Pilar de Barreto, la gran compañera fallecida en el 2008. Desde esta fecha no volvió a quemar ninguna pieza, hasta que, recientemente, retomó el oficio con un renovado ímpetu. Las piezas que salen de su taller son utilitarias: boles, tazas, bandejas, jarras, vasos o las famosas “conchas”, con diseños de trazos sencillos, limpios y minimalistas donde son frecuentes los motivos de hojas y senos de mujer. 

También ha elaborado piezas escultóricas y murales de gran formato. Entre las piezas que salen de su taller destacan unas casitas angostas, de techo alto, alargadas y de una sola planta. Él no sabía por qué le salían las casas así. Hace poco, luego de haberse enterado que su abuela materna era wayúu, volvió sobre sus pasos a Maracaibo y se encontró con un interesante hallazgo: las antiguas casas que apenas sobreviven en el centro de la ciudad, con un diseño arquitectónico proveniente de las Antillas Holandesas, eran semejantes a las casas que le salían de sus manos. Entonces comprendió, asombrado, que esas piezas que hace son un recuerdo remoto de su infancia. Por eso es que Jorge Barreto recomienda que en la vida “uno tiene que tener siempre una curiosidad”. 

Bibliografía: Cantv: Aliados Sociales Manos creadoras, texto e investigación Luis Enrique Belmonte, pagina 12/14, Fotografía John Márquez y Javier Arturo Márquez, Caracas Venezuela 2012.

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