El régimen alimentario criollo rural o tradicional en Venezuela

A mediados del siglo XVIII puede comprobarse la existencia del régimen alimentario llamado por nosotros criollo rural (República Bolivariana de Venezuela), o tradicional, que prolongó su vigencia general en la sociedad venezolana por todo el siglo XIX, y hasta las cuatro primeras décadas de la presente centuria, permaneciendo inmutable en sus elementos básicos. Sin embargo, esta dieta común no logró imponerse definitivamente en las ciudades, donde los miembros del grupo dominante continuaron practicando el patrón alimentario de inspiración europea. 

En el ámbito urbano coexistieron ambas dietas, y la de influencia europea se fue estructurando y enriqueciendo con algunas incorporaciones que vinieron de las Antillas, de Europa y del norte de América durante el largo período de vigencia del régimen criollo rural, hasta lograr desplazar a este último, primero del recinto de las ciudades principales y, luego, del resto del área de poblamiento, al transformarse el país de rural en urbano. 

Así, encontramos una minoría urbana cuyos hábitos alimentarios tienden a identificarse cada vez más con los europeos, en un proceso que es reforzado por la influencia que en el siglo XIX tuvieron la inmigración proveniente del Viejo Mundo y la apertura del comercio exterior, que después de la ruptura del nexo político colonial se tradujo en un progresivo crecimiento de la importación de alimentos; por otro lado, tenemos el régimen alimentario de la mayoría, que corresponde al predominio de la economía agraria, basada en la hacienda y el conuco, característica del país hasta la tercera década del presente siglo. 

Dos maneras de alimentarse que existieron paralelamente y se relacionaron jerárquicamente conforme al orden valorativo que, como hemos visto, data de los comienzos de la formación del régimen alimentario criollo rural. En la cúspide, la alimentación de la minoría dominante, centrada en el pan de trigo, considerada como superior, y en la base, la alimentación de los dominados, fundamentada en la arepa y el casabe, y juzgada como inferior. La primera fue cobrando importancia y terminó por extenderse al resto de la sociedad; la segunda, que mantuvo, por lo menos durante todo el siglo XIX, un evidente predominio cuantitativo, finalizó siendo desplazada y casi convertida en una curiosidad folklórica. 

El proceso alimentario, esboza antes en sus líneas generales, se caracterizó por un progresivo deterioro nutricional de la población venezolana, una creciente dependencia de la importación de comestibles, cambios significativos en los sujetos encargados de la preparación de alimentos, y un paulatino desarraigo de las tradiciones de origen dieciochesco que reforzó la cautividad cultural de nuestra sociedad. 


Bibliografía: José Rafael Lovera, Historia de la Alimentación en Venezuela, p. 67/68, libro publicado Centro de Estudios Gastronómicos, 1998 Caracas Venezuela. Fotografía de Henry Moncrieff.

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