La goma de mascar: Chicle

El chicle es la goma de mascar que se obtiene de la savia de un árbol llamado zapote (Manilkara zapote), que es originario de las zonas tropicales de América. Cuando se corta la corteza del zapote, produce un líquido lechoso que forma una capa protectora. Esta substancia, conocida como la savia de chicle, ha sido usada por ciertos de años por los pueblos mesoamericanos como goma de mascar.

La palabra chicle: viene del náhuatl tzictli, del verbo tzic, que significa estar pegado. Otros significados; se le llama chicle a una persona que es considerada molesta por querer estar siempre pegada a otra.

Los primeros chicles En 1857, Antonio López de Santa Anna, un presidente mexicano que se exilió en Estados Unidos, hizo llevar un cargamento de chicle natural con el americano Thomas Adams hicieron varios intentos fallidos para lograr convertir el chicle en caucho. Hasta que un día, Adams vio a una niña comprar una goma de mascar hecha de cera de parafina, y se acordó que los indígenas de México mascaban goma de chicle. Esto le dio la idea de comercializar el chicle como goma de mascar. Así, en 1859, hizo la primera goma de mascar de chicle, sin sabor. Luego se les agregó azúcar y saborizantes como menta y frutilla. Durante muchos años la industria de las gomas de marcar estuvo basada en chicle natural, pero en la actualidad se utilizan productos sintéticos para su fabricación.

Buenos modales Así como los profesores no dejan a sus alumnos mascar chicle en clases, también los aztecas tenían sus normas. Sólo algunos podían mascar chicle en público: las mujeres solteras y los niños. Las mujeres casadas, las mayores y los hombres debían hacerlo en privado.

Efectos beneficiosos y perjudiciales Existen ciertos experimentos de laboratorio que sugieren que mascar chicle estimula la memoria, la atención-concentración, reduce la ansiedad y el estrés y puede ayudar a combatir la demencia. En un experimento con ratones a los que se les había extraído los molares y comparándolos con aquellos que conservaban los molares intactos, se comprobó que los ratones incapaces de mascar eran incapaces de memorizar y aprender. El análisis histológico del cerebro demostró cambios en la anatomía del hipocampo de los ratones desmolados. En otro experimento realizado por el Dr. Onozuka se comprobó que el acto de masticar aumenta la actividad del hipocampo. La Dra. Joyde Wau, de la Universidad de Edimburgo, propone la hipótesis de que la mejoría en la memoria puede ser debido a que el acto de masticar produce la liberación de hormonas antiestrés. En otro experimento el Dr. Scholey, de la Universidad de Northumbria, con una muestra de sujetos repartidos en tres grupos (un grupo de mascadores, otro de mascadores imaginarios que simulaban mascar y otro grupo que no masticaba chicle alguno), se comprobó que los que mascaban chicles obtuvieron mejor puntuación en test de memoria.

El dr. Scholey sugiere que el ejercicio realizado mediante el acto de mascar aumenta la frecuencia cardiaca en 3 latidos por minuto y por tanto mejoraría la perfusión cerebral; por otra parte no descarta que el mascar produjer la liberación de insulina, como un reflejo condicionado, que se adhierería a los receptores del hipocampo. La insulina se ha relacionado con la prevención de la enfermedad de Alzeimer. En Alemania, un proyecto piloto en una escuela primaria de Berlín, se animó a los alumnos al consumo de chicles durante las clases y los descansos, llegando a la conclusión que mascar estimulaba el cerebro, el aprendizaje y la inteligencia. Siegfried Lehrl, jefe de la Sociedad de Brain Training y científico de la Universidad de Erlangen, alude que posiblemente el efecto positivo se relaciona con la estimulación del tronco cerebral y el aumento de la perfusión sanguínea al cerebro, relacionado con el estado de alerta. En 2002, se realizó otro experimento similar capitaneado por científicos de la Universidad de Northumbria en Inglaterra, comprobándose que las personas que mascaban chicle obtuvieron una mejora del 35% en su capacidad para recordar palabras. A los soldados de EE.UU. durante la Primera Guerra Mundial se les suministraba chicles debido a la creencia de que aumentaba la concentración y ayudaba a aliviar el estrés. También se ha comentado que los filósofos de la antigua Grecia tenían como costumbre masticar chicle, para fomentar el razonamiento;. Dioscórides recomendaba la resina del lentisco (Pistacia lentiscus) por sus presuntas propiedades curativas. -Wikipedia

Bibliografía: Sabores de América autoras Ana María Pavez y Constanza Recart, pagina 29, editorial amanuta, año de publicación 2010. Fotografía de Kevin Chang, niño con chicle en los labios. Fotografía de   Silvia Tarchini. 

Comentarios