La gastronomía venezolana

La gastronomía venezolana tiene mucho que ofrecer a quien se aproxime a ella. No solo dispone de un copioso repertorio de recetas sino que también es muestra representativa de la actualidad culinaria y vivo testimonio de preparaciones de antigüedad más que milenaria. De allí que valga la pena, para quien se interese, incursionar en ese acervo coquinario. 

Cuando se visita un país, los nacionales se esmeran en mostrar los monumentos arquitectónicos –que son testigos históricos de importancia y poseen rasgos estéticos que resaltan su valor. Así se lleva al turista a que vea la plaza Bolívar, el Palacio Legislativo, la Catedral y el Museo Colonial, si se trata de Caracas, por ejemplo. Pero hay otros monumentos que datan de no menos de 3.000 años que, en lugar de contemplarlos, se pueden comer. Nos referimos a la arepa y al casabe, los dos panes precolombinos de maíz y yuca, respectivamente. 

La arepa en la Venezuela de hoy no es otra cosa que una sobreviviente de la prehistoria. Desde mucho, antes de la venida de Colón, se servía para acompañar el sustento diario de los aborígenes. Sin embargo es también un ejemplo extraordinario de lo que se llama “fast food”. Se prepara con la misma rapidez que una hamburguesa y puede ser consumida también de inmediato y de manera informal. 

De esta forma no solo han sobrevivido de tiempos remotos las arepas, el casabe continúa existiendo y sirve de crujiente pan cuando se le consume en forma de galleta, que en tiempos precolombinos se denominaba “xau-xau”. En la tradición venezolana es acompañante inmancable de sopas y potajes. Cuando se consume este pan americano poco se piensa en el incalculable valor que tuvo su invención. Es producto del procesamiento de la yuca amarga, que en su estado natural, es venenosa por su alto contenido de ácido cianhídrico. En otras palabras, su elaboración es ni más ni menos que la transformación de un elemento letal en fuente de vida. 

Si de nuestros panes pasamos a lo que en lenguaje típico se designa como lo salado, encontraremos una apetitosa variedad de platos: sopas y potajes, asados y fritos. Quizás la reina de nuestras sopas sea la de apio. Es tubérculo de color amarillo y sabor muy particular, que también es conocido por el nombre de “arracacha”. Siguen en importancia los sancochos o hervidos, descendientes de la antigua olla española, de los cuales son ingredientes principales, la gallina y la carne de res o los pescados caribeños. Como legado de esas ollas americanas entran los tubérculos del Nuevo Mundo como el mapuey, ocumo, papa y apio. 

Si de asado se trata el llamado asado negro es la estrella y si de fritos la popular carne frita. No puede olvidarse un plato en el que se conjugan diversos sabores que terminan en el paladar en admirable concierto: “el pabellón”, que tal vez tiene ese nombre por quienes en su conjunto han creído ver reproducidos los colores de la bandera. 

No cabe duda de que vale la pena explorar ese excepcional país gastronómico venezolano y dejarse sorprender por aromas y sabores novedosos para el visitante. 

Bibliografía: Jose Rafael Lovera, divagaciones gastronómicas: La gastronomía venezolana, revista bienmesabe, pagina 62, agosto del 2012.
Fotografia de Juan Cols.

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