El lenguaje y el maíz en Guatemala

(Zea mays) En relación con el lenguaje bastaría señalar el hecho, elocuente y significativo, de la existencia, en los idiomas mesoamericanos (y por consiguiente en las lenguas mayances que todavía se hablan en Guatemala), de una vasta y rica terminología asociada al maíz. Se trata de un fenómeno que se ha mantenido a lo largo de milenios y por encima de coyunturas y circunstancias desfavorables. Así como los pueblos pastoralistas (los Nuer del Sudán, por ejemplo: cf. Evans Pritchard, 1962), los pueblos recolectores y las sociedades industriales modernas han desarrollado una terminología especializada que refleja las actividades esenciales de esos pueblos; así también los conglomerados mesoamericanos desarrollaron todo un universo. 

Un solo investigador (Stadelman, 1940), en un breve estudio dedicado a los pueblos mames de un solo departamento de Guatemala (Huehuetenango), elaboró un glosario en el que se incluyen más de 192 palabras estrechamente relacionadas con el maíz. Se refieren estas a instrumentos, actividades, objetos diversos, a los que se designa y se considera, en el seno de aquellos pueblos, por sus vinculaciones directas con el maíz. 

El glosario mencionado, como corresponde en tales casos, sólo incluye aquellos términos que, a juicio del autor, ameritan una explicación específica. Algunas de tales palabras se refieren a conceptos muy variados, de extraordinarios contenidos culturales per se, como el sistema vigesimal de numeración, la cronología, etc., pero todos ellos, siempre, son considerados en sus nexos vivos con la cultura del maíz. Tal es el caso, por ejemplo, de la palabra sonte, un numeral en la lengua mam, que se usa principalmente para referirse a un número determinado (5) de mazorcas de maíz; o la palabra siwil, usada comúnmente para designar un especifico periodo de 20 días, de obligada observancia en las faenas de la milpa. 

Mas importante quizás que la simple existencia de aquellos numerosos términos. Es el hecho de que los indígenas mames de aquel departamento de Guatemala han podido clasificar 166 variedades de maíz, asignando a cada una de ellas un nombre especifico. Aquí debe destacarse todo un rico esfuerzo de clasificación, que si bien es cierto se encuentra en todas las culturas del mundo en función de los propios contextos físicos y sociales (Durkheim y Mauss, 1965), no por ello deja de ser menos portentoso en cuanto a señalar características y tipos del maíz, no percibidos por otros pueblos que también sacan ventajas materiales del maravilloso cereal americano. 

Las 166 variedades, en efecto, están agrupadas en clases y subclases. La clasificación general obedece a criterios varios, como color (blanco, amarillo, colorado y pinto), apariencia y conformación del grano o de la mazorca; dulzor, suavidad, tamaño, riqueza, procedencia (costa –altiplano, tierra fría –tierra caliente, valle- montaña, etc.). Las distintas variedades, como se ha dicho ya, comprenden grupos y subgrupos innumerables. Así, por ejemplo, la variedad de maíz negro abarca 8 subgrupos; la variedad de colorado comprende 17 subgrupos; del maíz pinto existen 25 subtipos; del blanco se reconocen 40 subclases; y del amarillo se distinguen 46 subtipos. Del frijol, asimismo, que se siembra con el maíz en el conocido complejos agrícola mesoamericano, se reconocen 87 tipos. Cada una de todas las categorías aludidas tiene un nombre específico, que traduce características igualmente especiales. 

En otros grupos indígenas de Guatemala, como los tzutujiles de Atitlán por ejemplo (Butler y Arnold, 1978), también existen sistemas complejos de clasificación del maíz y de ordenación colateral del mundo, sistemas en los cuales se “enseñorea” esa gran creación cultural americana. 

Ese solo hecho particular referido, el de la riqueza terminológica asociada al maíz en las lenguas mayances de Guatemala, y el esfuerzo de clasificación enunciado, pone de manifiesto la extraordinaria importancia cultural del maíz, sobre todo si se toma en cuenta la relevancia fundamental del lenguaje y de los grandes sistemas de clasificación y ordenación del mundo, en el plano estricto de la cultura, es decir, en el plano propio de la realidad humana. Sin embargo, ese mismo hecho quizás ayude a explicar también como, en ciertos contextos, el maíz ha llegado a adquirir una vida casi propia, como objeto independiente del hombre mismo y de su trabajo. 

Trazar los surcos en que aparece sembrado el maíz en los prolíficos campos del arte (pintura, escultura, arquitectura, literatura, música, etc.) no sería tarea difícil, pero si acuciosa. Miguel Angel Asturias (Premio Nobel y autor de “Hombres de Maíz”), Carlos Samayoa Chinchilla, Werner Ovalle López, Otto Raul Gonzalez, Raul Leiva, Rafael Sosa, son solo algunos de los nombres de grandes literatos guatemaltecos que se han ocupado del maíz en el contexto de la cultura guatemalteca. 

Bibliografía: (1988) Flavio Rojas Lima, libro La cultura del maíz en Guatemala, p. 100-101.
Fotografia de Luis Rasilvi  

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