La inseguridad alimentaria en el mundo

Hace 13 años, mandatarios de todo el mundo se reunieron para aprobar la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas. Al hacerlo, comprometieron a sus países en una nueva asociación mundial para reducir la pobreza extrema y el hambre. Con tal fin, establecieron una serie de metas que habrían de alcanzarse para el año 2015, conocidas como los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Estos objetivos expresan el compromiso mundial para mejorar la vida de miles de millones de personas y para hacer frente a los retos en materia de desarrollo. 

En el marco del primer Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM 1), consistente en erradicar la pobreza extrema y el hambre, el mundo pretendía reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, la proporción de personas aquejadas por el hambre. A solo dos años de que venza el plazo, 38 países han alcanzado esta meta, y 18 de ellos han logrado también el objetivo —aún más ambicioso— establecido en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación (CMA) de 1996 en Roma, consistente en reducir a la mitad en el mismo período de tiempo el número absoluto de personas que padecen hambre. 

Estos éxitos demuestran que, con un compromiso político, instituciones eficaces, buenas políticas, un enfoque integral y niveles adecuados de inversión, podemos ganar la batalla contra el hambre y la pobreza, un primer paso necesario para alcanzar las demás metas de desarrollo establecidas en los ODM. 

Como en cada edición, el informe de 2013 sobre El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo ofrece información actualizada acerca de los progresos realizados hacia la consecución de la meta del ODM y el objetivo de la CMA relativos al hambre, a nivel mundial, regional y nacional. Con respecto a las regiones en desarrollo en conjunto, la última evaluación indica que se han hecho nuevos avances hacia la meta del ODM  para 2015. Los mismos avances, comparados con el objetivo más ambicioso de la CMA, obviamente parecen mucho más modestos. 

Un total de 842 millones de personas, o sea, el 12 % de la población mundial, padecían hambre crónica en 2011-13, 26 millones menos que la cifra estimada el año pasado y muy por debajo de los 1 015 millones contabilizados en 1990-92. 

La evaluación actualizada también indica que la meta relativa al hambre del ODM  sigue estando a nuestro alcance. De acuerdo con las nuevas estimaciones sobre todo el período considerado en los ODM, el nivel de partida respecto de la subalimentación en 1990-92 —período de referencia— se cifra en un 23,6 % en las regiones en desarrollo, lo que implica que la meta del ODM  se sitúa en un 11,8 % para el año 2015. Suponiendo que la tasa de disminución anual media registrada durante los últimos 21 años se mantenga hasta 2015, la prevalencia de la subalimentación en las regiones en desarrollo rondaría el 13 %, proporción ligeramente superior a la meta del ODM. Con un último empujón en los próximos dos años, todavía podemos alcanzarla. 

El informe de 2013 trasciende la medición de la privación crónica de alimentos, ya que en él se presenta un conjunto más amplio de indicadores que intenta reflejar el carácter multidimensional de la inseguridad alimentaria, los factores determinantes de esta y sus resultados. Este conjunto de indicadores, compilado en relación con cada país, permite obtener una imagen más matizada de la situación por lo que hace a la seguridad alimentaria, así como guiar a los responsables de la formulación de políticas en la elaboración y aplicación de medidas claramente orientadas y eficaces que puedan contribuir a la erradicación del hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición. 

Basándose en ese conjunto de indicadores, en el informe también se examinan las experiencias diversas de seis países. Estas experiencias muestran que otras formas de malnutrición pueden ser a veces más importantes que la subalimentación. En tales circunstancias, las políticas encaminadas a incrementar la seguridad alimentaria deben prever intervenciones atentas a la nutrición en el sector agrícola y en el sistema alimentario en su conjunto, así como en relación con la sanidad pública y la educación, especialmente de las mujeres. Las medidas de protección social centradas en la nutrición podrían tener que dirigirse a los más vulnerables, incluidas las embarazadas, las adolescentes y los niños. 

Las políticas encaminadas a aumentar la productividad agrícola y la disponibilidad de alimentos, especialmente cuando van dirigidas a los pequeños agricultores, pueden permitir reducir el hambre incluso allí donde la pobreza es generalizada. Cuando se combinan con medidas de protección social y de otro tipo de medidas que incrementan los ingresos de las familias pobres, pueden incluso arrojar un efecto más positivo y estimular el desarrollo rural mediante la creación de mercados florecientes y de oportunidades de empleo, y hacer posible un crecimiento económico equitativo. 

No es sorprendente que las experiencias de países concretos sugieran que los elevados niveles de pobreza vayan en general de la mano con altos niveles de subalimentación. Pero la subalimentación puede también ser más grave que la pobreza, especialmente cuando el nivel de ambas es elevado. Dado que la comida es una de las necesidades básicas más sensibles a los ingresos, el aumento de estos puede, lógicamente, acelerar la reducción de la subalimentación. 

En última instancia, la estabilidad política, la gestión pública eficaz y, lo que es más importante, el compromiso ininterrumpido a largo plazo con la incorporación general de la seguridad alimentaria y la nutrición en las políticas y los programas, son las claves para reducir el hambre y la malnutrición. La FAO, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) están comprometidos a mantener la seguridad alimentaria en lugar destacado de la Agenda para el desarrollo y a asegurarse de que esté firmemente integrada en la visión para después de 2015, actualmente en elaboración. Deben ser respaldados y sostenidos por mejoras en la agricultura y en el clima de inversión, combinadas con planes de protección social. Solo entonces podremos ir más allá de las metas establecidas en los ODM y lograr una reducción importante de la pobreza y la subalimentación.


Por prensa la FAO
Fotografia de Eleazar Briceño

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