Los hábitos alimentarios comienzan desde la familia

El Primer estudio nacional de prevalencia de sobrepeso y obesidad y sus factores exógenos en la población de 7 a 40 años, Venezuela 2008- 2010, logró caracterizar la situación nutricional del país, reflejando que un 38,06% presentó malnutrición por exceso (sobrepeso, obesidad) y que algunas de las causas de estas enfermedades crónicas no trasmisibles (ECNT) son la mala alimentación y la falta de ejercicio. En este mes de regreso a clases queremos acercarnos al acostumbrado debate ¿cómo influyen los padres y madres en los hábitos alimentarios de sus hijos e hijas y por lo tanto en su estado de salud? 

El comportamiento nutricional de la población debe ser estudiado desde el campo de la biología, medicina y nutrición pero no debe obviarse la visión sociocultural. En este sentido, diversos estudios afirman que las enfermedades crónicas de los adultos tienen una relación directa con el estilo de vida y la alimentación desde la infancia, teniendo la conducta materna principalmente un rol decisivo en la formación de hábitos alimentarios del niño o niña. Las prácticas maternas en materia de alimentación a su vez dependen de sus creencias, el nivel educativo y los patrones culturales tanto individuales como comunitarios; pero entonces ¿cómo es la alimentación de los venezolanos entre 18 y 40 años (edades en las cuales la mayoría ya son padres y madres)? 

En este estudio nacional de prevalencia de sobrepeso y obesidad se observó, entre otras cosas, una alta frecuencia en el consumo de jugos naturales con adición de azúcar, bebidas gaseosas e instantáneas, malta, margarina, mayonesa, quesos grasos y alimentos fritos lo cual es indicativo que debemos reflexionar sobre qué comidas le ofrecemos a nuestros hijos e hijas y que tan sanos son los alimentos que las constituyen. 

Vivimos en un mundo inundado por la publicidad de alimentos poco saludables, que nos impone conductas perjudiciales y nos induce a comprar estos productos. Si a esto le sumamos los apuros de la mañana por llegar temprano al trabajo, tenemos las excusas habituales de las y los representantes para incluir en las meriendas de sus hijos e hijas productos industrializados como chucherías, refrescos, jugos pasteurizados e incluso bebidas hidratantes para deportistas. 

Para mejorar esta situación, nosotros como padres y madres debemos saber discernir y explicarles a los niños y niñas, con un lenguaje sencillo, las razones por las que se deben evitar ciertas comidas a fin de mantener la salud. Si bien nos preocupamos por asegurar el aprendizaje académico de nuestros hijos e hijas, también debemos tener una visión reflexiva de la alimentación pues esta constituye el primer aprendizaje social del ser humano. 

Los alimentos recomendados para la alimentación infantil son los que están presentes en el Trompo de los Alimentos, haciendo énfasis en aquellos que son ricos en calcio (leche, quesos), los que brindan proteínas de alto valor biológico: carne, pollo, pescado huevo ó la combinación de granos/leguminosas (caraotas, lentejas, garbanzos, arvejas) y cereales como el arroz o el maíz. También tenemos las hortalizas y frutas, que deben formar parte de todas las comidas del día; de igual manera se deben consumir cereales, tubérculos y plátanos y, en menor cantidad, los azúcares y las grasas, que deben ser usadas sólo como aderezo y no para freír. Otra recomendación importante es variar las texturas, los sabores y los colores para hacer las comidas más atractivas. Por último es favorable involucrar a los niños y las niñas en la preparación de los alimentos.

Por prensa INN Venezuela
Fotografia de MURUCUTU, mujer agricultora de Brasil.

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