El alimento era sagrado

Solo por el alimento se mantiene la tierra; por él está vivo el mundo, -por él- estamos llenando el mundo. Nuestra total esperanza es el alimento.” Cósice Florentino, lib. VI, cap. XVII, ff. 72r-73r. 

El conocimiento de los fenómenos relacionados con la agricultura evolución de manera notable entre los pueblos prehispánicos, por vía de la astronomía, la geometría y las matemáticas. La naturaleza se asoció con la divinidad. De acuerdo con el Popol Vuh, los primeros hombres se hicieron de maíz. 

Las ciencias se convirtieron en herramientas de gran importancia para conocer los movimientos de los astros y de la Tierra. Así, se ubicaron las estaciones del año y su relación estrecha con los momentos de la siembra, el desarrollo de los frutos, el tiempo de cosechar y, también, el periodo de descanso de los suelos. Se establecieron calendarios tan precisos que aún hoy sorprenden a los investigadores. 

Los grandes sacerdotes prehispánicos, muchos de ellos verdaderos científicos que pasaban largas etapas dedicados a la observación inteligente, poseían estos saberes; en ellos basaron una parte importante de su poder y de su prestigio social. 

Los hombres mesoamericanos se caracterizaron por vivir en una comunión intensa con la naturaleza. Identificaron plenamente el alimento con la vida, al grado de considerar que no eran nuestros cuerpos los que caminaban, reían y respiraban, sino el alimento, fuente de esa vida. Como dependían de la alimentación, manifestaron una reverencia religiosa por la naturaleza y concibieron a un conjunto de dioses y diosas que, de acuerdo con sus religiones, mandaban sobre los elementos naturales; otros se relacionaban con los alimentos entre sí. A estas deidades les dedicaron celebraciones rituales donde se solía incluir ingredientes y platillos específicos. Las fiestas religiosas más importantes se asociaban con el cielo agrícola. 

En el Popol Vuh, se establece con claridad la relación sagrada entre el hombre y el alimento. Cuando los progenitores decidieron crear al hombre, cuarto animales los guiaron a un lugar místico, ¨”una hermosa tierra, llena de deleites”, llamada Paxil. “Y así encontraron la comida y ésta fue la que entró en la carne del hombre creado, del hombre formado; ésta fue su sangre, de ésta se hizo la sangre del hombre. Así entró el maíz por obra de los progenitores.” 

En Paxil descubrieron una tierra “abundante en mazorcas amarillas y mazorcas blancas y abundante también en pataxte y cacao, y en innumerables zapotes, anonas, jocotes, nances, matasanos y miel.” 

Con las mazorcas amarillas y blancas se hicieron nueve bebidas “y de ese alimento provinieron la fuerza y la gordura y con él se crearon los músculos y el vigor del hombre”. Nuestros primeros padres se hicieron de maíz: “Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres…” 

Bibliografía: Marco Buenrostro & Cristina Barros, La cocina prehispánica y colonial, pagina 6/7, publicado por CONACULTA.
Fotografia de Miguel Ángel García

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