El maíz en Guatemala y la identidad nacional

Por razones históricas, biológicas, económicas, sociológicas y estrictamente ideológicas, el maíz tiene una importancia fundamental en la cultura de Guatemala. A lo largo de milenios, y aún en el presente, en el cuerpo y en la cultura de los guatemaltecos “ha corrido y corre la leche del maíz”, como dicen los indígenas del altiplano meso-occidental de este país. Sin hipérboles de ninguna clase, y tal como lo sugiere alegóricamente el Popol Vuh, del maíz proviene la fuerza, la musculatura, el vigor del hombre, concebido éste, potencialmente, como el producto más perfecto de la creación. La unidad ontológica del guatemalteco –el de antaño como el de hoy-, es decir, la combinación evolutiva de sus entidades física, social y cultural, gira en torno al maíz de modo preponderante.

Precisamente como consecuencia de su importancia material, es decir, por el papel que ha jugado en la existencia orgánica y en el ámbito de las relaciones sociales del guatemalteco de todos los tiempos, el maíz ha sido llevado al campo propio de la cultura (religión, arte, gastronomía, mitos, leyendas, etc.), dando paso a un enorme complejo de símbolos y convirtiéndose él mismo en un símbolo multivocal que impregna y satura la conducta social de los guatemaltecos. Este último, por cierto, es el sentido en el cual se puede hablar con propiedad de una cultura del maíz en Guatemala. 

Se trata en verdad de un vasto complejo cultural, del cual participan, directa o indirectamente y en mayor o menor medida, todos los grupos particulares y todos los estratos de la sociedad nacional. El maíz, en consecuencia, es quizás uno de los elementos que contribuyen más decisivamente a delimitar, especificar, cualificar, a la cultura y a la sociedad de Guatemala. Es decir, es uno de los elementos que contribuyen más a definir la identidad nacional; y, como la mayoría de los elementos simbólicos que definen la identidad cultural de Guatemala –comenzando con el nombre mismo del país-, el maíz es de origen indígena. 

La extraordinaria importancia del maíz en el ámbito de la cultura guatemalteca se convalida por tres hechos particulares que tienen, por sí mismos, una innegable trascendencia extendida en la geografía y en la historia. Primero, el maíz fue “inventado” en Mesoamérica, un territorio del que formaba parte Guatemala, y por unos hombres de cuya cultura se deriva la actual cultura del país. segundo, el maíz representa una de las más grandes contribuciones de Mesoamérica a la civilización universal. Tercero, el maíz puede ser utilizado adecuadamente como un recurso metodológico para el estudio diacrónico y sincrónico del hombre y la sociedad de Guatemala, y acaso de otras sociedades similares y diferentes. 

El origen del maíz ha suscitado una larga y prolija discusión en la que han participado científicos de muy distintas especialidades y orientaciones. Son varios los continentes y muchos los países que se han venido disputando, con argumentos diversos y de muy diversa consistencia, el honor de haber sido la cuna del famoso cereal, ahora patrimonio de la humanidad entera. Europa, África, Asia y por supuesto América, han sido mencionados una y otra vez como el punto de origen del cultivo. Al parecer sólo se ha excluido a Oceanía entre los continentes. Respecto de los países o regiones mencionados en el mismo sentido, un recuento no exhaustivo incluiría los siguientes: China, Asam, India, la Península Malaya, Tibet, Birmania, el sudoeste asiático, Burma, Filipinas, el Cáucaso, Turquía, sur de los Estados Unidos, México, el Caribe, Guatemala, Colombia, Perú, Chile, Brasil, Paraguay, Bolivia, etc. 

La prolongada y vívida discusión, en fin, sobre un tema que carece todavía de conclusiones definitivas, no hace sino confirmar, de modo categórico, la importancia general del grano que una vez estuviera tan estrechamente asociado a la vida de los pueblos precolombinos de América

Este no es el lugar adecuado para tratar en todos sus pormenores la larga polémica que, por razones no siempre estrictamente académicas, se ha mantenido en torno a los más remotos orígenes del maíz. Científicos como Paul C. Mangelsdorf (1974), Paul Weatherwax (1950), y otros, han dedicado luengos años al apasionante tópico, y en la actualidad existen todavía gobiernos, universidades, fundaciones y otros organismos de muy diverso género, que siguen orientando esfuerzos al propósito de aclarar un tema de valiosas repercusiones en otros campos de la ciencia. En efecto, se sigue pensando que el origen del hombre americano, las posibles migraciones intercontinentales en la época precolombina, la misma teoría de la evolución, la genética, etc., serían sólo algunos de los campos científicos que se podrían seguir beneficiando de las investigaciones en torno al maíz y sus orígenes. 

Los muchos criterios u teorías propuestas para explicar el origen real de la planta (véase por ejemplo Mangelsdorf 1974:11), se pueden reducir, a nuestro juicio, a cuatro criterios básicos que, de modo quizás un tanto arbitrario, podrían llamarse así: 1) Criterio genético; 2) criterio botánico; 3) criterio arqueológico; y 4) criterio cultural propiamente dicho. 

Bibliografía: Flavio Rojas Lima, La cultura del maíz en Guatemala, impreso en 1988, paginas 5, 8, 21, 22.
Fotografia de Ivan Castro

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