Arepas de trigo en Los Andes Venezolanos

Para que el paseo sea una vuelta redonda como una Arepa, comienzo en el Parque Nacional Juan Pablo Peñaloza, en el páramo que une a Táchira y Mérida. El Paramo de La Negra, vía a los páramos merideños. Allí encontramos, el principio del cuento siguiendo el hilo de frio de la niebla. 

Primero El principio es la razón, el fundamento primero del porque todas, todas, todas las arepas de trigo en Los Andes Venezolanos tienen una misma referencia, o primera coincidencia: El cultivo de trigo propio de estas zonas altas, de los estados andinos: Táchira, Mérida y Trujillo. 

Segundo La coincidencia que unifica razones, es que las familias y comunidades que cultivaron el trigo desde el siglo dieciséis, en la región andina de Venezuela, tenían como referencia indispensable que hacían pan y por ello utilizaban en sus casas, en sus fincas, en sus molinos los hornos caseros, hechos de barro y ladrillos, a los que alimentaban con combustible vegetal, con leña. En esos hornos donde se cocinaba el pan se cocinaban como un agregado, como un producto agregado, las arepas. 

Tercero La coincidencia trinitaria de las tres provincias andinas en Venezuela, es que la arepa de trigo es un plato de zonas muy altas alrededor de los páramos, y es allí en donde se ubica hoy en el menú del turismo gastronómico. Es un plato ocasional en la mesa familiar, no es un plato diario, como la arepa de maíz. No es pues el pan nuestro de cada día. Pero en los sitios de comida, de ventas de comida en las zonas andinas de elevadas alturas y bajas temperaturas, se consiguen regularmente hoy en día, ya hechas, preparadas para llevar o consumir tanto en posadas y restaurantes, como en las bodegas y panaderías. 

La arepa de trigo aparece como una variante a la hora de amasar, cuando junto al pan se preparan amasijos, entonces si la cocinera es atenta a su oficio, en lugar de utilizar el trigo en hacer una arepa hará un pan o aún más, hará una almojábana, una quesadilla, un roscón, una paledonia, una o una cuca. 

La arepa de trigo se llama también arepa de harina en algunos sitios y tiene nombres propios de acuerdo a su presentación si esta rellena de queso, en Mérida le dicen Preñadita y en Trujillo Embutida. 

La arepa de trigo no es parte del menú propio del desayuno de Los Andes venezolanos, cuando el desayuno es de piscas, caldos, cuajados o consomés, porque la arepa que acompaña estas madrugadoras sopas, sopitas y sopononones es la arepa de maíz. Tampoco es compañía de los desayunos con tortillas, revoltillos o pericos de huevos y chorizos o jamones, porque ahí también está como invitada la arepa de maíz. La arepa de trigo, sustituye al pan no a la arepa de maíz, por una razón muy sencilla, y es que la arepa de maíz por su sabor salado, acompaña a los platos de la carta de sabores salados y la arepa de trigo por su sabor dulce es buena compañera del café o el chocolate dulce, como sustituta del pan. 

1ra Receta Se prepara la masa de harina de trigo, con leche líquida, huevos, mantequilla, sal y azúcar al gusto. Se unen bien los ingredientes, se amasa y se corta en ruedas del tamaño de un plato pequeño. Se hornea o se asa en budare a la leña. 

2da Receta A cuatro tasas de harina de trigo, se le agregan cuatro cucharadas de mantequilla, dos cucharaditas de azúcar y una de sal, una taza y media de leche líquida tibia y media cucharadita de polvo de hornear. Es recomendable que todos los ingredientes estén a temperatura media y la leche bien tibia. Se hacen pelotas del tamaño de un puño cerrado y luego se aplanan para que tengan la forma de una arepa. Se hornean o asan.

3ra Receta Se prepara la masa de harina de trigo, con aguamiel de panela bien tibia huevos, mantequilla, un punto de sal al gusto. Se unen bien los ingredientes, se amasa y se hacen pelotas del tamaño de una taza pequeña de café, y luego se extienden con un rodillo sobre un mesón enharinado, hasta que la masa esté compacta y fina. Se sacan con la medida de un plato pequeño y se colocan en la bandeja para llevarlas al horno o se asan en budare a la leña.

Texto compartido por Leonor Peña
Fotografia de ashley hill

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