¿Qué comían los venezolanos durante la independencia?

Un aspecto desconocido para la gran mayoría de los venezolanos en la actualidad es qué comían los habitantes de nuestro país durante la época independentista. En primer lugar un alimento que no podía faltar eran las arepas de maíz. En el almuerzo los granos eran la comida típica de ese momento, por eso el arroz también era usado cotidianamente como acompañante de éstos, de allí que el pabellón criollo tenga sus orígenes en esa época. Si hoy día es común acompañar las comidas con pan, en aquellos tiempos el cazabe era el indicado para esos casos. En cuanto a las bebidas, se usaban los jugos, guarapos, chichas y café, endulzados con papelón. Los postres más populares eran la naiboa, almidoncitos y la torta de cazabe. 

Las casas 
Venezuela, al ser una colonia de relativa importancia para los intereses económicos de la corona española, no tuvo un destacado desarrollo en materia arquitectónica, y esto no cambió durante la época independentista. Caracas para esa época no contaba con más de 7 cuadras y 120 manzanas alrededor de la Plaza Mayor (Plaza Bolívar), la cual era el epicentro político y económico de la ciudad. Las casas de los pobres se construían de bahareque y caña, con techos de paja o palma, mientras que las de los mantuanos tenían amplias ventanas y paredes de tapia, piedra y fachadas de ladrillo, que demostraban su posición de clase dominante en la sociedad. 

¿Y dónde era la fiesta?
Una de las preocupaciones más importantes de las autoridades coloniales era controlar las fiestas organizadas por los sectores populares, que se consideraban como contrarias a la moral, las buenas costumbres y al orden social, siendo catalogadas como “relajos”. De esa forma, intentaban mantener la paz y la “moralidad cristiana”, por esa razón las clases dominantes de la sociedad realizaban celebraciones donde eran excluidos los miembros de esas clases inferiores. Pero esas restricciones nunca surtieron efectos y los excluidos siguieron festejando y mostrando las riquezas culturales de esa sociedad, aunque al estallar la guerra de Independencia estas actividades se vieron mermadas por la conflictividad típica de esos sucesos. 

¿Cuántos éramos? 
Para 1810 la mayoría de la población no era ni blanca nacida en España, ni blanca nacida en América, sino que provenía del mestizaje. Como ejemplo tenemos que para ese año en la Capitanía General de Venezuela el 50 por ciento de la población estaba constituida por pardos (término utilizado para denominar el grupo racial de la mezcla de negro con blanco); mientras los blancos nacidos en España, los blancos criollos, además de los mestizos (como se conocía al grupo proveniente de la mezcla de blanco con indio) constituía 25 por ciento; el restante 25 por ciento estaba conformado por los negros esclavos y los indios. Un aspecto a destacar es que para esa época la provincia tenía aproximadamente más de un millón de habitantes, siendo los pardos el grupo más numeroso, pero a su vez uno de los más excluidos. 

Los carnavales 
Al igual que en la actualidad, los carnavales eran días donde las pasiones se desataban, claro que en una época donde el recato y el puritanismo eran la tónica esos desórdenes causaban gran escándalo. Se realizaban muchos juegos como el lanzamiento de puñados de anís, frutas, agua y tinturas donde participaban por igual hombres y mujeres. Hasta en banquetas se daban esos episodios que a veces podían terminar en “encuentros indecentes” o en graves altercados si alguna persona se sentía ofendida o agredida. Un aspecto a destacar es la conducta de los curas en esas fechas, ya que muchos fueron sorprendidos “jugando con pardas, negras o mulatas” en los patios traseros de las iglesias, lo que produjo comentarios venenosos en las localidades. 

El clima 
Durante la Independencia los caraqueños no sólo debían sufrir los sobresaltos de la lucha, sino también los bruscos cambios de temperatura. En las mañanas las temperaturas oscilaban entre 21º y 22º, pero en las noches llegaba a 16º, siendo evidente la presencia del “pacheco”. Por eso era común oír las quejas de los habitantes que se reunían alrededor de la Plaza Mayor, quienes se quejaban de las bajas de temperatura. En los meses de abril, mayo y junio llegaba el período de lluvias, y con él la neblina que ocultaba los cielos capitalinos, el fuerte frío obligaba a los caraqueños a abrigarse, tomar café bien cargado o un chocolate caliente. 

La cocina 
Las esclavas eran las que se encargaban de la cocina, donde realizaban gran cantidad de alimentos para sus amos y la servidumbre. Estas viandas eran generosas y se preparaban en hornillas de fogón en las cuales se calentaba un plato a la vez. Por eso había toda una hilera de hornos pequeños para cocinar en el menor tiempo posible. Al quemarse la leña en esos fogones se producían grandes cantidades de hollín, por lo cual las cocinas eran ubicadas lejos de la casa. Los platillos llevaban hierbas y tubérculos que se sembraban cerca de los hogares, donde también se criaban animales de corral: pollos, cerdos y chivos, entre otros. Los utensilios eran las vasijas de barro, las paletas y los cucharones de tapara o madera resistente. 

La navidad 
Las tradiciones navideñas durante la Independencia no eran muy distintas de las que en muchos lugares de Venezuela aún perviven. En líneas generales se hacían nacimientos y pesebres en las casas, además se organizaban actos con títeres, cantos, comidas y bailes que eran criticados por los sacerdotes por considerarlos “actos de relajo de la moral y las buenas costumbres”, al estar en contra del carácter religioso que debía tener la celebración del nacimiento de Jesucristo. Pese a esas quejas de los curas, las personas asistían a las iglesias para “limpiarse por los pecados cometidos”. Los 24 de diciembre comenzaban las fiestas que se extendían hasta el mes de enero, hasta empatarse con los pecadores carnavales.  

Por la Revista Memorias de Venezuela 2011. Foto de: West Indian Moving Portraits.
Fotografia de Angel Ayala

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