Colombia incluye 7 nuevos productos en el Arca del Gusto

Slow Food realizó un mapeo del territorio de Manaure, en Colombia, para identificar productos tradicionales vinculados con el patrimonio agroalimentario de la etnia Wayúu. El mapeo tenía el objetivo de incluir dichos productos en el Arca del Gusto de Slow Food e identificar nuevos potenciales Baluartes . El mapeo fue realizado en el marco del proyecto “La valoración del patrimonio agroalimentario de Guajira”, financiado por el Departamento para la Prosperidad Social de Colombia, y desarrollado por Slow Food y el Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural. 

A raíz de este mapeo, han subido a bordo del Arca del Gusto siete productos ligados a la memoria, la identidad y la alimentación del pueblo Wayúu de Guajira: el frijol guajiro , el mokoshira (fruto del guamacho ), la harina de trupillo , la miel de abejas carga barro , el fruto del pichigüel , la harina saawa y la iguaraya . Estos productos son la base de las actividades de rescate y valorización en el centro etnoeducativo de Ishashimana (Manaure) y de acciones de difusión que se realizarán en restaurantes en algunas zonas de la costa Atlántica y Bogotá. 

Las acciones de Slow Food en el territorio se han encaminado al rescate y valorización de su patrimonio agroalimentario, retomando el diálogo intergeneracional y propiciando escenarios de reflexión y aprendizaje en torno a sus alimentos tradicionales, así como prácticas concretas de cultivo con semillas nativas. 

El mapeo ha permitido el dialogo con las comunidades del territorio y sus autoridades tradicionales, sacando a la luz la riqueza de la cultura Wayúu y su patrimonio culinario. Las comunidades rurales han demostrado durante siglos una capacidad extraordinaria de adaptación a las difíciles condiciones ambientales de la región, buscando diversas soluciones a sus necesidades alimentarias y transmitiendo a las jóvenes generaciones los conocimientos de su cultura culinaria. 

Sin embargo, durante los últimos años, el intercambio cultural y las crecientes necesidades económicas han impulsado a las nuevas generaciones a trasladarse a los centros urbanos, generando así un distanciamiento y la pérdida progresiva de su propia tradición cultural. Al mismo tiempo el cambio climático, asociado a veranos más intensos y lluvias escasas, ha causado una disminución de la producción agrícola y problemas de desnutrición, llegando, en casos extremos, a la muerte.

Por Juan Antonio Pineda

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