Los suelos constituyen la base de la vegetación

Los suelos sanos son muy importantes para garantizar el crecimiento continuo de la vegetación natural u ordenada, que nos proporciona piensos, fibras, combustibles, productos medicinales y otros servicios ecosistémicos, como la regulación del clima y la producción de oxígeno. 

Los suelos y la vegetación mantienen relaciones recíprocas. Un suelo fértil favorece el crecimiento de las plantas al proporcionarles nutrientes y servirles de tanque de retención de agua y de substrato para sus raíces. Por su parte, la vegetación, la cubierta arbórea y los bosques previenen la degradación y desertificación de los suelos al estabilizar el suelo, mantener el ciclo del agua y los nutrientes, y reducir la erosión hídrica y eólica. A medida que aumenta la demanda de vegetación, piensos y subproductos de la vegetación como la madera, impulsada por el crecimiento económico y los cambios demográficos, los suelos se ven sometidos a una enorme presión y el peligro de que se degraden aumenta considerablemente. 

La ordenación sostenible de la vegetación, ya sea de bosques o pastizales, aumentará los beneficios que esta dispensa, incluida la leña, el forraje y los alimentos, a fin de satisfacer las necesidades de la sociedad y, al mismo tiempo, conservar y mantener el suelo para beneficio de las generaciones actuales y futuras. La utilización sostenible de los bienes y servicios derivados de la vegetación y el fomento de sistemas agroforestales y sistemas integrados de producción agropecuaria también pueden contribuir a mitigar la pobreza y reducir la vulnerabilidad de los pobres rurales a los efectos de la degradación de la tierra y la desertificación. 

DESAFÍOS CLAVE 
La degradación del suelo es muchas veces la consecuencia directa de la mala gestión de este recurso. La reducción resultante de la vegetación y sus productos, tales como piensos, fibras, combustible y medicamentos, tiene un efecto negativo en la productividad del suelo, la salud humana y del ganado, y las actividades económicas. Por el contrario, la cubierta vegetal, en particular la vegetación densa y sana, protege a los suelos de los agentes erosivos, como el viento y el agua, y puede mejorar su productividad. Los medios de vida de una gran parte de la población dependen de la vegetación: alrededor del 80 por ciento de las personas de los países en desarrollo utilizan productos forestales no madereros para atender necesidades sanitarias y nutricionales y obtener ingresos. Además, se estima que 2 600 millones de personas dependen de los combustibles derivados de la madera, principalmente carbón, para cocinar y calentarse. El sector ganadero es con crece el mayor usuario de tierras por parte de los seres humanos. Los tierras de pastoreo ocupan el 26 por ciento de la superficie continental de la Tierra, mientras que la producción de cultivos forrajeros requiere aproximadamente un tercio de toda la tierra laborable. La expansión de la tierra de pastoreo es un factor clave de la deforestación, en especial en América Latina, donde alrededor del 70 por ciento de las tierras de la región amazónica que antes eran boscosas se utilizan como pastizales y los cultivos forrajeros abarcan gran parte del resto. Se estima que alrededor del 70 por ciento de todas las tierras de pastoreo de las zonas áridas están degradadas, principalmente debido a prácticas de pastoreo deficientes. Por consiguiente, la ordenación sostenible de pastos, bosques y otras tierras con vegetación es esencial para la conservación de los suelos y, en consecuencia, para apoyar los medios de vida rurales, mantener la producción ganadera, promover el crecimiento de la vegetación y garantizar la utilización actual y futura de las materias primas. 

LA FAO EN ACCIÓN 
La FAO ha puesto en marcha varios proyectos relacionados con la producción sostenible y la mejora de la ordenación de los suelos. En Burkina Faso, la FAO presta asistencia a grupos de agricultores en cinco comunidades agrícolas de la zona húmeda de la sabana con miras a mejorar sus sistemas integrados de producción agropecuaria mediante prácticas de agricultura de conservación, entre ellas la diversificación de cultivos, utilizando un innovador proceso de descubrimiento por los agricultores, para facilitar la intensificación agrícola y la mejora de los medios de vida. En los países centroafricanos, la FAO trabaja para mejorar la seguridad alimentaria de la subregión promoviendo el uso y la reglamentación de los productos forestales no maderables. Mientras que en Asia y el Pacífico, la FAO está luchando contra la deforestación y la degradación a través de la promoción de la regeneración natural asistida, un proceso de regeneración de pastizales y vegetación arbustiva degradados mediante la protección y cría de plantas madres y de sus plantas silvestres para la repoblación.

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