1945-55: La lucha contra el hambre y la malnutrición tras la crisis del 29

La depresión que se produjo en el mundo tras el crack de 1929 tuvo un efecto devastador en la agricultura y dejó a la comunidad agrícola en una penosa situación. La crisis financiera hizo que los países importadores de alimentos incrementaran apresuradamente sus barreras arancelarias y aumentaran su producción nacional de alimentos. Al disminuir en un 60 % las importaciones de trigo, se desplomó el comercio y los excedentes de alimentos empezaron a acumularse. Con los nuevos descubrimientos sobre la pobreza y la nutrición que se produjeron en la década de 1930, los nutricionistas aconsejaban un aumento del consumo, mientras que los economistas impulsaban una disminución de la producción. 

Tras analizar esta paradoja, el nutricionista australiano Frank McDougall abogó por ‘casar la salud con la agricultura’ y reunir diversas disciplinas para abordar el problema de la malnutrición. Sus propuestas fueron ampliamente aceptadas tanto por los gobiernos como por el público y parecía que había llegado el momento adecuado para la acción colectiva. Por desgracia, la Segunda Guerra Mundial detuvo cualquier otro avance en este ámbito. 

En 1942, las propuestas de McDougall llegaron finalmente a manos de la primera dama, Eleanor Roosevelt, quien le organizó una reunión con el entonces presidente de los Estados Unidos de América. En una cena que tuvo lugar en la Casa Blanca, McDougall defendió apasionadamente la creación de un programa de las Naciones Unidas que tratara el tema de la alimentación como el principal problema económico mundial y considerara la agricultura un elemento crucial para la mejora del nivel de vida de las personas de todo el mundo. 

El presidente Roosevelt no mostró reacción alguna, pero la conversación de aquella cena debió de tocar alguna fibra sensible puesto que, un año después, convocó la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Alimentación y la Agricultura en Hot Springs, Virginia, en la cual 44 gobiernos se comprometieron a fundar una organización permanente dedicada a la alimentación y la agricultura. 

La creación de la FAO no podría haber llegado en mejor momento: Europa estaba en ruinas y el hambre se había convertido en una amenaza real para muchos. En esa reunión se eligió también al primer director general, Lord John Boyd Orr, un escocés que gozaba de gran reconocimiento por su amplia labor en el campo de la nutrición. 

A un año de su creación, la FAO todavía tenía que demostrar a los gobiernos que la pobreza era una de las principales causas del hambre y la malnutrición. A inicios de 1946, era claro que la combinación de los desplazamientos y la sequía ponía gravemente en peligro el acceso de las personas a los alimentos en los próximos años. La FAO había estimado la creación de una brecha enorme entre las necesidades de alimentos de las personas y los suministros de alimentos en el período de cultivo 1946/47 y por ello recomendó encarecidamente la adopción de una serie de medidas. Por ese motivo, en mayo de 1946, la FAO convocó en Washington una Reunión especial sobre problemas urgentes de la alimentación donde no solo se abordó la crisis alimentaria inmediata, sino que también se prepararon una serie de propuestas para hacer frente a problemas a largo plazo relacionados con la producción de alimentos. La realización regular de censos mundiales, el control de las plagas de las plantas y la respuesta a las emergencias con socorro alimentario fueron algunos de los temas clave que abordó la FAO durante la reunión. La mejora de la fertilidad de los suelos fue sin duda una de las cuestiones más acuciantes planteadas. 

Balance de la situación 
Tras la Segunda Guerra Mundial, se necesitaba recuperar la fertilidad de los suelos en muchos países. Las naciones estaban interesadas en incrementar la producción de sus cultivos. Los agricultores que habían logrado una alta productividad durante el período de guerra, querían mantener el mismo nivel después de la guerra, sobre todo en aquel momento de precios favorables para la producción agrícola. Esto se tradujo en un aumento de la demanda de fertilizantes en todo el mundo. Los gobiernos tenían que hacer frente a un incremento en la demanda de alimentos y necesitaban comprender en qué punto se encontraban sus economías agrícolas para mejorar colectivamente su producción agrícola. 

Este es el motivo por el cual la FAO coordinó el desarrollo del Censo Agropecuario Mundial de 1950. El Censo recopiló por primera vez información estadística en 81 países y ofreció una imagen completa de la producción agrícola y su estructura en aquel momento. Representó una evolución considerable en comparación con los censos que se habían realizado antes de la guerra. 

Supervisión de la situación de la agricultura 
Aunque a finales de la década de 1940 la crisis alimentaria de la posguerra estaba llegando a su fin, esto no hizo que disminuyera el interés de la FAO, las Naciones Unidas y otras organizaciones en hacer frente a las emergencias alimentarias. En agosto de 1951, el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas recomendó que la FAO mantuviera una vigilancia continua sobre la situación en los distintos países e informara sobre cualquier situación “no resuelta de escasez alimentaria crítica o hambruna”. 

Esto significaba que la FAO podía realizar investigaciones sobre el terreno y convocar reuniones con los gobiernos “para establecer las líneas de acción más prácticas”. También significaba que la FAO empezaba a estudiar la viabilidad de establecer una reserva alimentaria para su uso en casos de hambruna o escasez alimentaria grave causada por guerras, desastres naturales o infestaciones de plagas como la langosta del desierto. 

Por prensa la FAO

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