La herencia divina de Miguel Rodríguez

Los momentos que vivió en el patio de su casa en Los Teques, estado Miranda, imaginando que hacía con barro tortas de chocolate, a las que decoraba con vehemencia y detalle, fungieron como inspiración para dedicarse a lo que hoy predica como su pasión. 

Un juego de niños y una carrera sin pausa llevaron a Miguel Rodríguez, cocinero de profesión y chocolatero de oficio y corazón, a tener hoy una empresa en nacimiento que prodiga éxito. Es sous chef de la Praline Chocolatería y creó a principios de 2015 su marca de barras artesanales, Herencia Divina. 

Miguel, nació en Caracas, tiene 26 años y aprendió de su familia que la comida es también un trabajo. Su abuela paterna, cocinera del IVIC, su padre chef académico pero no de ejercicio y su madre repostera, fueron sus primeros maestros en la cocina. 
Cacao en Chuao, foto de Alirio Paz
Con pie firme, decidió, al terminar la educación secundaria, que estudiaría para ser cocinero. En el High Training Educational Institute realizó sus estudios donde unas pasantías en el hotel JW Marriot serían el inicio de un festín laboral con un dulce porvenir. 

Cocinas como la del restaurante del Country Club e Il Grillo le abrieron paso a este joven cocinero con ímpetu de emprendedor, aunque no siempre se dedicó al chocolate. En Il Grillo estuvo en cargado de la sección de pastas y arroces, por tres años. Luego de un descanso, y de aprovechar para hacer algunos cursos de repostería, regresó a Il Grillo donde ejerció como repostero. 

Formalmente, se educó en el Grupo Academico Panadero Pastelero (GAPP) y, durante sus estudios, decidió hacer un viaje a México para realizar un curso de vaciado (bombonería rellena) con el chocolatero José Ramón Castillo, tras regresar luego de una semana, finalizó sus estudios en el GAPP 

Su adoración por el cacao lo llevó a participar en el VII Concurso Gastronómico KKO Real, en el que se situó como ganador del 1° lugar gracias al postre que realizó: Sorbete de mucílago de cacao, con flor de café comestible para limpiar el paladar. Bizcocho de avellana cubierto con chocolate caliente condimentado con polvo 5 especias y cardamomo y una mousse de gianduia. El premio del concurso lo llevó a realizar un curso en la Chocolate Academy en Barcelona de piezas artísticas en chocolate con Joan Martin. 

Miguel Rodriguez
“El chocolate es lo mío” 
Al regresar se inició en la Escuela de Chocolatería y Confitería KKO Real, donde su proyecto final lo indujo a crear Herencia Divina, hoy su empresa en ascenso. Luego de crear, para su trabajo de grado, una línea de tabletas Bean To Bar (movimiento del grano a la barra) que presentó con una cata para niños de 2 años, decidió continuarla en paralelo a su trabajo en La Praline. 

Herencia Divina nació con la idea de educar el paladar de los niños, que se acostumbren a comer chocolate y a que conozcan el cacao venezolano. “Si no tenemos una cultura del chocolate oscuro no vamos a saber por qué tenemos el mejor cacao del mundo. Cuando comemos un chocolate de cacao venezolano al rato de comerlo todavía se sienten las notas de cata. Mi idea es ir desde los más pequeños a los más grandes. Yo opino que el cacao debería entrar en un plan escolar.”, comenta Miguel. 

Herencia Divina adoptó su nombre del postre que le dio el primer lugar en el concurso de KKO Real. Son tabletas de chocolate bitter que representan la zona de donde proviene su materia prima. Entre su inventario se encuentra Chuao 67%, Canoabo 68 % y 58%, Urama 55% y Sabores de mi tierra que es un blend de Canoabo, Chuao y Urama. 

El trabajo de Miguel es totalmente artesanal con el fin de destacar los sabores y características propias de cada cacao. “El ingrediente principal es el amor, si estoy malhumorado no hago chocolate porque pienso que le puedo transmitir esos malos humores. Conecto mi corazón con el chocolate.”, afirma el chocolatero. 

Su trabajo no tiene un método estándar, todos los procesos desde el tostado, conchado y refinado pasan por un proceso de cercanía y ensayo con cada elemento que trabaja. Como él dice, se deja llevar por el grano en el momento. “Siempre influye la temporada del cacao, el clima, el tiempo de riego, la humedad, así siempre uses el mismo cacao, siempre varía el resultado. Pruebo el chocolate, busco dentro de mí, cierro los ojos busco conectarme hasta lograr la acidez ideal.”, dice Rodríguez. 

El trabajo de Miguel va desde la calidad y finura de sus tabletas hasta el empaque que las contiene, cada detalle bien pensado denota el afán que tiene este joven por demostrar el valor del cacao venezolano a través de sus productos. 

Por Daniela Carrascal 
Para KanoboSur 
Cacao en Chuao, foto de Alirio Paz

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