Las mujeres indígenas impulsan la industria lechera local en Perú

Con el apoyo del Fondo para la Igualdad de Género de ONU Mujeres, una asociación de mujeres indígenas y rurales productoras de queso y de yogur está creciendo, junto con sus ingresos e independencia económica. 

A una altitud de unos 3.000 metros sobre el nivel del mar, en la ciudad peruana remota de Patachana, en la región andina de Perú de Ayacucho, Cira Huancahuari, una madre quechua de 65 años de edad, está ocupada preparando yogur. Su empeño por sacar adelante a sus 13 hijas e hijos la llevó a aprender y desarrollar las habilidades para elaborar queso y yogures. 

Ella ahora se desempeña como Presidenta de una pequeña empresa láctea local gracias al apoyo de OMIL (Asociación de Mujeres Indígenas de Laramate). Lo que al principio era poco más que una labor artesanal se expandió a una producción mucho más grande con maquinaria industrial gracias a la solidaridad de las mujeres indígenas de la zona y al apoyo técnico que recibieron de a través del Fondo para la Igualdad de Género de ONU Mujeres, mediante una subvención a la ONG CHIRAPAQ (el Centro de Culturas Indígenas del Perú), que durante más de 25 años ha estado promoviendo los derechos de los pueblos indígenas, con un enfoque especial en los niños indígenas, los jóvenes y las mujeres. 

“Nos dimos cuenta que haciendo quesos cada una individualmente, no íbamos a ir muy lejos”, dijo la Sra Huancahuari. “Teníamos que hacer las cosas de otra manera, y teníamos que crear un producto de calidad que fuera nuestra marca. Con alegría y orgullo hemos iniciado la colocación de nuestros quesos y marca de yogur 'Sanqui’ [una fruta andina local utilizado para dar sabor a algunos de sus yogures]". Su nueva marca es un producto competitivo de alta calidad, lo que les permitió incluso aumentar los precios de sus productos y acceder a nuevos mercados. 

“Ahora la gente de Laramate y los visitantes no buscan cualquier queso o yogurt, sino los que elaboramos las socias de OMIL”, explica la Sra. Huancahuari. 

Ella ha sido capaz de aumentar sus ingresos e independencia económica, decidiendo cómo se gastará el dinero que gana. Ella dice que las mujeres con las que trabaja están siendo reconocidas y respetadas por su éxito, no sólo por sus esposos y familias, sino por toda la comunidad. 

La comunidad de trabajadoras (todas mujeres) aumentó, y con ello, la producción y la calidad. En sólo dos años, el número de fabricantes de queso ha duplicado, pasando de 10 a 20, y el número de fabricantes de yogur de seis a 20. Otras 15 mujeres trabajan en la fabricación de manjar blanco (también conocido como dulce de leche, en otros países). Las tasas de producción de Sanqui han respondido a la demanda local, aumentando de dos litros de yogur a la semana a ocho, y de tres a ruedas de queso a la semana a seis. 

“No hay trabajo acá”, explica Ayné Misaico Huaracc, mujer quechua de 30 años de edad, madre de tres hijas e hijos. También de Patachana, hoy ella se dedica a elaborar yogur a través de la asociación OMIL. “A veces siembras tu chacra. De repente si tienes terreno siembras un pedazo de papas o maíz; nada más. Y tienes que esperar que salga para que consumas”. 

Desde involucrarse en OMIL, sus hijos ahora pueden beber leche fresca y se gana su propia vida. Orgulloso de sus logros, ella dice: “Le digo [a mi esposo]: 'no te acostumbres a que ya no te esté pidiendo dinero; también tienes que juntar la plata’ ”. 

La producción de derivados lácteos no ha sido la única iniciativa empresarial de las mujeres. Comprometidas con la agricultura local, también han comenzado a cultivar papas nativas en la región de Laramate. Su primera cosecha fue presentada por primera vez en la Feria Nacional en Lima en mayo. Apoyado por el Ministerio de Agricultura de Perú, la feria promueve la biodiversidad de las papas nativas en la región andina. La mayoría de las y los productores involucrados tienen años de experiencia y puntos de venta y distribución bien establecidos. Fue una gran experiencia de aprendizaje y oportunidad de crear redes, para las mujeres del distrito Lamarate. 

“[La participación en la feria] fue una experiencia que me dio la confianza para pensar en grande y estar seguras de que somos una organización que puede conseguir diferentes cosas si trabajamos juntas”, dijo la Sra. Huancahuari. “En esa ocasión vendimos todas los papas que trajimos y lo primero que se vendió fueron nuestros quesos. Nunca hemos tenido ese tipo de ingresos antes”. 

OMIL se ha convertido en un actor fundamental para el empoderamiento económico de las mujeres en Laramate y, lo más importante, en todo un símbolo de liderazgo y superación. “Al proporcionar un mayor apoyo, y con la asistencia y el asesoramiento empresarial técnico adecuado, las mujeres indígenas pueden generar un ingreso sostenible para sus familias, y no una miseria”, dice Tarcila Rivera Zea, una líder quechua y el Presidenta de CHIRAPAQ. “El alcance de esta iniciativa debe inspirar una inversión significativa en el desarrollo de capacidades, para que pueda tener un efecto dominó más amplio”. 

Según lo resume la Sra Huancahuari: “Ya aprendimos, ya sabemos el camino a seguir ... eso me da alegría y me impulsa a seguir trabajando”. 

Por ONU MUJERES 
Foto de Fernando Martín Ramos, Mujer de una cooperativa Quechua de Chinchero Perú mostrando cómo se trata la lana de Alpaca.

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