Pequeñas Economías: Agricultura Familiar

El tema de la pequeña agricultura familiar ha sido objeto de atención reciente por parte de los medios de opinión pública de casi todos los países de América Latina. La prensa trae información sobre la crisis en que se encuentra el sector como resultado de los altos costos de producción, particularmente del dinero, así como por el efecto de la competencia por parte de productos similares importados. En algunos países donde, los procesos de apertura han sido más radicales, el impacto en este sector ha sido también dramático. En México por ejemplo, una evaluación llevada adelante por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) sobre el impacto previsible del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés, North American Free Trade Agreement) y de las reformas económicas revela que estos amenazan fundamentalmente a este sector de productores. 

La pequeña agricultura familiar, a diferencia de las unidades minifundistas y de campesinos pobres y sin tierra, dispone de suficiente tierra y en algunos casos tiene acceso a agua. Produce principalmente para el mercado, de donde la familia obtiene la mayoría de sus ingresos. Ha incorporado cambios tecnológicos utilizando, entre otros, semilla mejorada, fertilizantes y agroquímicos y en algunos casos explota la tierra con apoyo de maquinaria y consigue rendimientos satisfactorios. Se asemeja a la unidad campesina por el hecho de que la actividad productiva se realiza principalmente con el concurso de la familia y, en el caso de organizaciones de tipo asociativo, con el trabajo de los asociados. 

Si bien en algunas zonas de América Latina como el norte de Argentina, Uruguay, el sur de Brasil y Costa Rica su constitución es muy antigua, en la mayor parte de los países aparecen apenas a mediados de la década de 1950. En efecto, la pequeña producción rural surgió en muchos de ellos principalmente como resultado de dos procesos: la ampliación de la frontera agrícola y la reforma agraria. En dichos países se persiguió conscientemente el objetivo de establecer, por medio de las políticas redistribucionistas, el desarrollo de la pequeña finca familiar. Ello implicaba la asignación de lotes de tierra considerados óptimos desde el punto de vista de las necesidades de subsistencia de la familia. 

El sector de la pequeña producción rural desempeñó un papel esencial en el modelo de industrialización por sustitución de importaciones en la medida en que, con diferencias entre los países, se convirtió en un productor importante de alimentos básicos y de algunos rubros significativos de exportación. Aun más, fue objeto de políticas y programas específicos en campos como el crédito, la asistencia técnica o la comercialización, y de proyectos integrales de desarrollo rural. En muchos casos, y como consecuencia de lo anterior, se produjeron procesos significativos de innovación tecnológica y de capitalización.

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Por Prensa la FAO
Foto Ivan Castro, Café Guatemala. 

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