Un huerto amazónico en Los Frailes de Catia

1. El viaje a la Amazonía

Para comenzar, debo decir que la Amazonía es más que 

garimpeiros 
putas y putos super cutres 
infantes con barrigas infladas de parásitos 

Salgamos por un momento de la novelita de Pantaleón, quememos todos los billetes triple A. Cierra los ojos y recorre junto a mi las aguas del Autana. ¿Quieres? 

Fue durante una tarde de septiembre, debo decir que para mi (emmerdeuse de première) el clima estaba perfecto. Recorrimos el río a buena velocidad, sentía el viento sobre mi rostro , de vez en cuando caían aguaceros de estos, que solo conocemos los que vivimos en este lado del mundo. 

A veces pasábamos los largos y oxidados bongos. En ellos colgaban chinchorros con pasajeros dormidos. 

El tiempo se detenía. Estaba en la Amazonía. En la Amazonía de este país que también es mío: Venezuela. 

Pasamos la noche en tierra firme, frente al cerro Autana. Hubo una fogata y en sus alrededores nuestro guía nos relató leyendas y mitos de las selvas circundantes… fue el momento cursi del viaje y, sí, lo disfruté. 

Al día siguiente pude bañarme en el río (de noche me daban miedo los caimanes del Orinoco), luego seguimos nuestro recorrido fluvial hasta llegar a una recóndita comunidad Piaroa. Ahí, fui acogida por las mujeres huottöjas quienes me introdujeron al cultivo y cosecha de la sagrada yucca amarga. Además, tuve el gran privilegio de preparar, junto a ellas, el riquísimo casabe. 

Los hombres de la comunidad me obsequiaron cabezas de piñas y semillas de copoazú que sembraré junto a mi crew de jóvenes agricultores urbanos en el barrio de Catia. 

Aquí, en nuestra hermosa y caótica Caracas.

Proyecto de agricultura urbana La Cuadra Crew -KanoboSur 
Por Alejandra Tomaylla Selva 

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