Los huertos familiares permiten a Lesotho adaptarse al cambio climático

Iniciativa destinada a mejorar la seguridad alimentaria y la dieta de los más vulnerables.  

Preguntado sobre cómo han cambiado en estos años las condiciones climáticas para los agricultores en Lesotho, Rammitsane Matela, un anciano campesino de 90 años, no necesita rebuscar mucho en su memoria para dar la respuesta. 

“Las fuertes lluvias y la sequía son algo que empezó recientemente” asegura sobre unos fenómenos meteorológicos extremos que -como en tantas otras partes del mundo- afectan cada vez más a Lesotho, un país sin salida al mar en África austral. 

Colinas y montañas de cima plana, hendiduras rocosas y dongas -profundos barrancos creados por la erosión del suelo- conforman gran parte del paisaje de Lesotho, dándole una apariencia lunar. Cuando se producen lluvias torrenciales, los dongas se convierten en torrentes por los que escapa la cada vez más escasa capa superior de suelo fértil de las tierras cultivables en los valles. 

Lesotho lucha con la pobreza, la malnutrición, altas tasas de infección por VIH, desempleo y la erosión del suelo. La disminución de las cosechas debido a la combinación de prácticas productivas inadecuadas y el impacto del cambio climático están agravando los problemas del país, empujando a muchas comunidades rurales hacia una mayor inseguridad alimentaria y nutricional. 

Parte de la solución está en crear oportunidades para que las familias produzcan sus propios alimentos nutritivos, haciendo uso de recursos preciosos como el suelo y el agua de manera sostenible. 

La FAO trabaja con el Gobierno de Lesotho, organizaciones no gubernamentales y otros organismos de las Naciones Unidas en una estrategia de resiliencia para ayudar al sistema agrícola del país a adaptarse a las cambiantes condiciones climáticas, como los patrones de lluvia erráticas y el alza de las temperaturas. Parte de la iniciativa consiste en la promoción de huertos familiares y la adopción de técnicas innovadoras, como la creación de huertos de “ojo de cerradura” (“keyhole garden”, en inglés).

Estas parcelas circulares elevadas –de unos 2 metros de diámetro- tienen una pared de piedra exterior rellena de varias capas de suelo y material orgánico como estiércol, compost o ceniza que rodean una cesta cilíndrica llena de material poroso como sacos de algodón, piedras, caña, maíz, sorgo y recipientes de arcilla. 

La estructura del huerto “ojo de cerradura” permite la siembra de zanahorias, remolachas, espinacas y otras hortalizas unas junto a otras, de manera que pueden mejorar la fertilidad del suelo y retener la humedad. El huerto puede también cubrirse con facilidad para proteger los cultivos de las heladas de invierno y los efectos desecantes del viento. 

Para Makompi Mahlomola, una abuela de 65 años que reside en la aldea de Komeng -en el distrito de Leribe- el huerto “ojo de cerradura” es la única fuente de alimentos nutritivos y variados disponible para su familia, que incluye cuatro niños pequeños. “Mi principal problema es que nadie en la familia trabaja. Nuestro huerto nos ayuda de verdad, porque podemos cultivar hortalizas durante más tiempo, incluso en período de sequía. La espinaca es especialmente adecuada, porque crece durante todo el año”, explica. 
Katiso Sekete, profesor de agricultura en la Escuela secundaria de Thabang, explica la creación de huertos de ojo de cerradura (©FAO/Rodger Bosch). 
Dirigido a los jóvenes 
Al promover una mejor nutrición y desarrollar habilidades para aumentar la producción y la variedad de los cultivos de hortalizas a través de huertos familiares, la FAO, el Gobierno de Lesotho y sus socios llegan también a las comunidades rurales, especialmente los niños, los jóvenes y los más vulnerables. 

“El desafío es eliminar el hambre y este no es un reto que puedan alcanzar por parte de actores que trabajan de forma aislada”, asegura Borja Miguelez, Coordinador de Emergencias y Rehabilitación de la FAO en Lesotho. Miguelez explica que la FAO trabaja principalmente con los servicios de extensión, y con funcionarios gubernamentales de los ministerios de Agricultura y Educación, así como con las organizaciones no gubernamentales y otros organismos de la ONU. 

En uno de esos esfuerzos conjuntos, la FAO, con el apoyo de sus socios -el Gobierno de Lesotho, la Unión Europea, USAID y UKAID- ha desarrollado carteles a todo color sobre la producción de alimentos en el hogar, la mejora de los rendimientos, la diversificación de cultivos y las dietas saludables. Estos mensajes se han coordinado con las partes implicadas en la seguridad alimentaria en el país. Los materiales se están distribuyendo a las escuelas, los agentes de extensión y los colaboradores en inglés y en el idioma local, el sesotho. 

El objetivo de la campaña es también animar y enseñar a la gente a crear huertos de ojo de cerradura en el hogar y en la escuela, mejorar la diversidad de cultivos y optimizar el uso de los alimentos. En la Escuela Secundaria Thabeng en Morija -localidad situada a 35 kilómetros al sur de la capital de Lesotho, Maseru-, los alumnos han construido su propio huerto de ojo de cerradura, como parte de su formación. 

”La mayoría de los niños en nuestro centro son huérfanos. No hay nadie que pueda darles dinero o proporcionarles alimentos, por lo que durante el curso escolar les ofrecemos las habilidades básicas en agricultura que pueden utilizar para producir algo”, explica Katiso Sekete, profesor de Agricultura en el centro de estudios secundarios de Thabeng.
Estudiantes de la Escuela primaria Ikhetheleng observan como sus compañeros riegan su huerto. Distrito de Leribe, Mahobong (©FAO/Rodger Bosch).
Parte del desafío es convencer a las comunidades rurales a adoptar las nuevas técnicas, indica Ntitia Tuoane, Director en funciones de Servicios de Campo en el Ministerio de Agricultura y Seguridad Alimentaria de Lesotho. “Siempre hay –dice- un poco de miedo a aceptar las novedades, por lo que la gente mira antes a ver si otras personas han tenido éxito”. 

Malijo Matela, cuyo nombre significa “madre de los alimentos”, tiene 22 años y está terminando la escuela secundaria. Para ella y su familia, el huerto de ojo de cerradura del que se ocupa, les ha hecho la vida mucho más fácil. “Antes de tener nuestro huerto –asegura- no tenía qué cocinar y a veces me iba a la cama con hambre, pero ahora las cosas son más fáciles porque tengo hortalizas”.

Por prensa la FAO
Cocinando las hortalizas obtenidas en un huerto de ojo de cerradura en la aldea de Betha Betha, en el distrito de Malaoaneng (©FAO/Rodger Bosch).

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