La agricultura de montaña es agricultura familiar

Desde una perspectiva global, la agricultura de montaña es agricultura familiar. Las zonas de montaña, con sus parcelas dispersas de tierra aprovechable a diversas altitudes con diferentes climas y paisajes habitualmente muy fragmentados y con escaso margen para la mecanización, son gestionadas por las explotaciones familiares de la forma más eficiente y eficaz. 

La agricultura familiar en las montañas es tan diversa como los innumerables paisajes montañosos del mundo, pero al mismo tiempo, también tienen características en común. Por ejemplo, las explotaciones familiares en la montaña no suelen ser centros de producción nacional en términos cuantitativos, con la excepción de las regiones tropicales de montaña. La mayor parte de su producción se destina al consumo doméstico, jugando un papel clave a la hora de garantizar la seguridad alimentaria en los hogares. Además, las explotaciones familiares en las montañas ayudan a perfilar sus paisajes, proporcionando servicios ecosistémicos vitales para el desarrollo más allá de las zonas montañosas. Estos servicios incluyen el suministro de agua dulce, la reducción del riesgo de desastres, la conservación de la biodiversidad -incluyendo la agro-biodiversidad-, y los espacios para el ocio y el turismo. 

Las comunidades agrícolas familiares custodian también la identidad del lugar, sus valores espirituales y culturales, y los conocimientos específicos del mismo: una condición previa para la supervivencia en la mayoría de las zonas de montaña. Por tanto, la motivación de los agricultores familiares va más allá de la maximización de beneficios, e incluye razones sociales, culturales y ecológicas. Esto resulta particularmente importante en las zonas de montaña, que suelen requerir más tiempo y recursos para las actividades reproductivas -aquéllas que no generan ingresos directamente, pero que resultan indispensables para mantener la base de la producción natural- que las tierras bajas. Los paisajes en terrazas de todas las principales regiones montañosas del mundo constituyen el testimonio más espectacular de dicha inversión reproductiva. Además, la agricultura familiar en las montañas funciona en gran medida con pocos insumos externos -habitualmente debido a las circunstancias más que a la propia voluntad-, lo que significa que los agricultores de montaña suelen carecer de los medios, en términos de acceso físico o financiero, para invertir en insumos externos como fertilizantes, productos químicos para la protección de plantas y animales, y menos aún maquinaria. 

La accesibilidad es una cuestión clave para la agricultura de montaña, especialmente en los países en desarrollo. Va mucho más allá del acceso a los insumos agrícolas, incluyendo el acceso a infraestructuras básicas, como servicios de salud, escuelas, carreteras, transporte, mercados y comunicación con el mundo exterior. Esta carencia se puede atribuir a la complicada topografía y a la baja densidad demográfica en comparación con las zonas de tierras bajas, factores que incrementan los costes de inversión y mantenimiento. Por otra parte, los agricultores de montaña –al igual que la población de las montañas en general– suelen ser una minoría en sus países en términos cuantitativos. Viven alejados de los centros de poder económico y político y de la toma de decisiones, y habitualmente están marginados a nivel político, social y económico. Esto resulta particularmente cierto en las comunidades con medios de vida y prácticas agrícolas que difieren de las principales corrientes mundiales y nacionales, como los agricultores o pastores migratorios, ambos de gran importancia para las regiones montañosas. Los pastores, por ejemplo, utilizan grandes extensiones de tierras marginales de montaña que, de lo contrario, permanecerían improductivas. 

Uno de los resultados de esta marginación es la pobreza generalizada. Alrededor del 40% de las poblaciones de montaña en países en desarrollo y en transición -unos 300 millones de personas– está expuesta a la inseguridad alimentaria, y la mitad de ella padece hambre crónica. En consecuencia, la agricultura familiar en muchas zonas de montaña se está viendo cada vez más afectada por la emigración. Aunque los que se van puede enviar remesas de fondos, su marcha también supone mayor carga de trabajo para los que se quedan: mujeres, niños y ancianos. La limitada disponibilidad de tierra, habitualmente de baja productividad, la falta de derechos reconocidos de tenencia de la tierra y la presión demográfica son factores que pueden contribuir a una utilización no sostenible de los recursos naturales de la montaña. 

El Año Internacional de la Agricultura Familiar (AIAF) 2014 presenta una oportunidad para centrar la atención en los méritos y desafíos de la agricultura familiar en las zonas de montaña. Apoyar las formas sostenibles de agricultura familiar promueve también la seguridad alimentaria, una dieta equilibrada y una gestión adecuada del medio ambiente. También reconoce y respalda los valores y tradiciones propicios para asegurar servicios ecosistémicos clave fundamentales para el desarrollo y que van mucho más allá de las zonas montañosas. En estas zonas, la agricultura familiar continúa siendo por lo general una ocupación de último recurso mientras que, con las condiciones adecuadas, podría convertirse en la columna vertebral del desarrollo sostenible. Este informe destaca ejemplos de zonas de montaña de todo el mundo que han avanzado en la consecución de este objetivo. 

¿Qué es la agricultura familiar? Según la definición de trabajo de la FAO, la agricultura familiar es una forma de organizar la producción agrícola, forestal, pesquera, ganadera y acuícola gestionada y operada por una familia y que depende principalmente de la mano de obra familiar, incluyendo tanto a mujeres como a hombres. La familia y la explotación agrícola están vinculadas, co-evolucionan y combinan funciones económicas, ambientales, sociales y culturales. 

La agricultura familiar es una de las formas más predominantes de agricultura en todo el mundo, tanto en países en desarrollo como en países desarrollados. La diversidad de contextos nacionales y regionales, en términos de condiciones agroecológicas, características territoriales, disponibilidad de infraestructuras (acceso a los mercados, carreteras, etc.), entorno político y condiciones demográficas, económicas, sociales y culturales, influye en las estructuras y funciones de la agricultura familiar, así como las estrategias en materia de medios de vida. 

A nivel mundial, el sector emplea a 2 600 millones de personas –el 30% de la población mundial- y es especialmente importante en los países en desarrollo. Mientras que la agricultura familiar abarca una amplia variedad de tamaños y tipos de explotaciones agrícolas, que van desde las grandes explotaciones mecanizadas a minifundios de pocas hectáreas o incluso menores, las más numerosas son, con diferencia, las pequeñas explotaciones familiares gestionadas por pequeños productores. A nivel mundial, en estas explotaciones trabaja un 99% de todas las personas dedicadas a la agricultura . www.fao.org/family-farming-2014/es 

Fotografía de Neils Oscategui

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