El estado de los mercados de productos básicos agrícolas

Las tendencias a largo plazo y las crisis de breve duración en los mercados de productos agrícolas nos afectan a todos. Tienen una repercusión directa no sólo en los precios de los alimentos que consumimos y de la ropa que llevamos sino también en el bienestar económico de hogares, comunidades y hasta naciones que dependen de las exportaciones de productos básicos. De manera menos directa pero igualmente inexorable, influyen en la viabilidad de las comunidades y estilos de vida rurales, el ritmo de la migración hacia las zonas urbanas y las perspectivas de desarrollo sostenible. 

Los efectos son especialmente importantes para centenares de millones de las personas más pobres de países en desarrollo que obtienen sus medios de subsistencia de la agricultura. Se estima que 2 500 millones de personas de países en desarrollo dependen de la agricultura para su subsistencia. Para muchos de ellos, la venta de productos agrícolas o el empleo en la producción y elaboración de dichos productos para la exportación representan su única fuente de ingresos en efectivo. Más de 50 países en desarrollo, incluida la mayoría de los países menos adelantados (PMA), perciben entre el 20 y el 90 por ciento de sus ingresos de divisas gracias a la exportación de tres o menos productos básicos agrícolas, en general productos tropicales. No obstante, muchos PMA son también importadores netos de alimentos, ya que gastan más de la mitad de sus ingresos de exportación en los mercados de productos básicos, donde importan alimentos para compensar el déficit de la producción nacional. Para estas personas y países, la evolución de los mercados internacionales de productos básicos puede significar literalmente la diferencia entre la abundancia y el hambre. 

Descenso de los precios y distorsión de los mercados 
Las tendencias a largo plazo de los precios de los productos básicos han sido descendentes, pero los precios han acusado también una marcada variabilidad en torno a esa tendencia. En la segunda mitad del decenio de 1990, los precios de algunos productos básicos exportados por países en desarrollo descendieron a sus niveles más bajos desde la Gran Depresión de los años 1930. El precio del café cayó nada menos que un 70 por ciento entre 1997 y 2001, poniendo en peligro los medios de subsistencia de unos 25 millones de personas que viven del café y provocando emergencias alimentarias en varios países de África y América Central. Por otro lado, la caída de los precios de los alimentos básicos permitió a muchos consumidores pobres, sobre todo de las zonas urbanas, atender sus necesidades alimentarias con menos costos y obtener acceso a dietas más nutritivas. 

Aunque los mercados de productos básicos han iniciado una recuperación en los últimos meses, que ha sido espectacular en el caso de los cereales, los precios reales continúan en general su larga tendencia descendente. Muchos agricultores y países exportadores se encuentran todavía atrapados por su dependencia: producen y exportan más pero ganan menos que en el pasado. Al mismo tiempo, los países importadores de alimentos se han beneficiado de la tendencia a la baja, pero les preocupan la variabilidad y las subidas a corto plazo de los precios internacionales de los alimentos. 

Son muchas las razones que pueden explicar el descenso a largo plazo y la inestabilidad a corto plazo de los precios reales de los productos básicos. Gran parte de esta tendencia descendente continuada parece ser de carácter estructural, impulsada por las fuerzas básicas de la oferta y la demanda que regulan los mercados: los suministros mundiales han crecido más rápidamente que la demanda, impulsados por la creciente productividad y la aparición de nuevos e importantes productores. 

Los avances de la productividad agrícola gracias a las mejoras tecnológicas pueden beneficiar tanto a los productores como a los consumidores. Los primeros consiguen costos más bajos y mayor competitividad, y los segundos precios más reducidos. Pero han sido fundamentalmente los productores de las regiones mejor dotadas y más desarrolladas los que han podido aprovechar el aumento de la productividad para reforzar su posición en los mercados mundiales. Los PMA han visto cómo su cuota del mercado agrícola mundial disminuía, incluso a pesar de que su dependencia del mismo ha continuado siendo muy superior a la de otros países en desarrollo.

Los principales beneficiarios de la caída de los precios han sido los consumidores de los países desarrollados y de las zonas urbanas de los países en desarrollo. No obstante, para la inmensa mayoría de la población pobre y hambrienta del mundo que vive en las zonas rurales de países en desarrollo y depende de la agricultura, las pérdidas de ingreso y de empleo como consecuencia de la caída de los precios de los productos que comercializan son en general superiores a los beneficios que puede representar para ellos la caída de los precios de los alimentos.

El problema del exceso de oferta se ha visto agravado por las políticas gubernamentales de los países tanto desarrollados como en desarrollo, que han distorsionado gravemente los mercados agrícolas. 

Los aranceles que gravan las importaciones agrícolas en los países desarrollados y en desarrollo han impedido el crecimiento de las exportaciones agrícolas de los países en desarrollo. La progresividad arancelaria, en virtud de la cual se aplican aranceles más altos para las mercancías exportadas en fases más avanzadas de elaboración, ha reducido las oportunidades de los países en desarrollo para exportar productos elaborados de más valor, cuyos precios se han mantenido bastante más estables que los de los productos básicos.

Además de los aranceles, los agricultores de los países en desarrollo tienen que vérselas con la competencia de productores que gozan de altos niveles de subvención y de mecanización en los países industrializados. El apoyo a los productores agrícolas en los países desarrollados suma actualmente más de 230 000 millones de dólares EE.UU. al año, casi 30 veces más que la ayuda para el desarrollo agrícola enviada a los países en desarrollo. Los aranceles y otros obstáculos han desacelerado también el crecimiento del comercio entre los países en desarrollo.

El comercio Sur-Sur podría extenderse rápidamente, sobre todo en los lugares donde el crecimiento de los ingresos es considerable y los niveles de consumo continúan siendo bajos. Pero los obstáculos arancelarios entre los países en desarrollo pueden ser superiores a los que gravan las importaciones de los países desarrollados.

Otra novedad en los mercados de productos básicos agrícolas ha sido la creciente concentración del poder de mercado en manos de un reducido número de compañías transnacionales. Tres grandes empresas controlan ahora casi la mitad de la torrefacción del café en el mundo, por ejemplo, y las 30 mayores cadenas de supermercados acaparan casi un tercio de las ventas de ese tipo de establecimientos en todo el mundo.

Estas empresas transnacionales han ayudado a algunos pequeños propietarios a integrase en el mercado mundial y han contribuido a la transferencia de tecnología moderna de producción y distribución. No obstante, preocupa que la concentración de mercado haya debilitado la situación de otros muchos: el Grupo de expertos eminentes sobre la ética en la alimentación y la agricultura, de la FAO, advirtió hace cuatro años de que «hay graves desequilibrios resultantes de la concentración del poder económico en manos de unos pocos». 

Conseguir que los mercados de productos básicos funcionen para todos 
Los precios de los productos básicos han dado muestras de recuperación en los últimos meses. No obstante, dicha recuperación no parece garantizar perspectivas brillantes a largo plazo para los campesinos y países del mundo en desarrollo que dependen de los productos básicos. Por el contrario, es probable que se produzcan nuevas alzas de precios de los productos básicos a corto plazo, que podrían poner en peligro los medios de subsistencia en muchos países de bajos ingresos y con déficit de alimentos.

Los precios de los productos básicos agrícolas continúan siendo muy inestables, y persiste la tendencia a que el crecimiento de la oferta de productos agrícolas supere al de la demanda con unos precios dados. El alto nivel de los aranceles y subvenciones en los países desarrollados continúa obstaculizando el acceso a los mercados y bajando los precios. Si bien el comercio entre países en desarrollo está creciendo más rápidamente que el comercio entre países en desarrollo y países desarrollados, las oportunidades de aumentar el comercio entre los países en desarrollo se ven todavía mermadas por los obstáculos al comercio. En el caso de algunos productos básicos, el comercio, la elaboración y la venta al por menor están dominadas por un pequeño número de compañías transnacionales, y el poder de mercado de los agricultores y los países exportadores es ahora relativamente limitado. Se oyen voces de preocupación por la parte aparentemente pequeña de los productores de los países en desarrollo en el valor final de su producción.

La crisis del mercado de productos básicos en los años 1990 ha obligado a considerar todos estos problemas y ha puesto de manifiesto la necesidad de nuevos planteamientos para resolver muchos de ellos. 

Un ejemplo es el de la inestabilidad de los precios. Los esfuerzos realizados en el pasado por resolver el problema insistieron en las medidas directas de estabilización de los precios o de las ventas, gestionando las existencias reguladoras o compensando a los países que sufrían situaciones imprevistas de pérdida de ingresos de exportación. En su mayor parte y por diversas razones, estas medidas fracasaron. Los nuevos planteamientos no tratan tanto de impedir las oscilaciones de los precios cuanto de ayudar a los agricultores y consumidores a protegerse frente a sus efectos mediante planes como los sistemas de seguros de precios basados en los mercados y de fijación de precios futuros. 

Los esfuerzos por resolver el problema a largo plazo del excedente de producción de los cultivos de exportación tradicionales deben hacer hincapié tanto en el aumento de la demanda como en el control de los suministros de algunos productos y en la reducción de la vulnerabilidad de los agricultores y los países que dependen de dichos productos. Las estrategias de diversificación que permiten a los agricultores introducir cultivos de mayor valor o producir bienes elaborados con valor añadido pueden contribuir a reducir tanto los suministros como la dependencia. 

Deben adoptarse también medidas para comprender mejor los efectos que la creciente concentración de las cadenas de productos básicos ha tenido en la competencia, los precios y la cuota del valor final de la venta al por menor que recae sobre los agricultores y exportadores de productos agrícolas. Se necesitan urgentemente medidas de atento seguimiento y de ulterior análisis, junto con el apoyo a los esfuerzos de los exportadores para aumentar su poder de mercado colectivo. Deben realizarse también análisis para comprender de qué manera la caída de los precios mundiales de los productos alimenticios básicos, así como el cambio de las estructuras de mercado, repercuten en la seguridad alimentaria de los pobres de las zonas tanto rurales como urbanas. 

Con la publicación de El estado de los mercados de productos básicos agrícolas, la FAO espera contribuir a fomentar un debate con conocimiento de causa y a la adopción de medidas decisivas en todas esas esferas. Este informe ofrecerá un examen bienal de las importantes tendencias de los mercados de productos básicos y destacará las principales cuestiones normativas y posibilidades de acción. 

Dado el significativo papel que los productos agrícolas desempeñan en nuestras vidas y su importancia decisiva para millones de personas entre las más trabajadoras y más vulnerables del mundo, esta mayor atención e intervención están sobradamente justificadas. 

Por Jacques Diouf 
Director General de la FAO

Comentarios