EL WARAO DE HOY: UN FUTURO DE LUCHA

Por Beatriz Bermúdez Rothe

Según lo han demostrado diversos estudios científicos, los warao ocupan el Delta del Orinoco hace unos 10 mil años. Su profundo conocimiento sobre este ecosistema les permitía encontrar en el interior pantanoso de las islas del Delta un refugio efectivo contra enemigos, invasores, colonizadores y evangelizadores. Por esa razón, todos los intentos de los misioneros durante la colonia por reducirlos y convertirlos fracasaron; según sus propias palabras, por “la falta de constancia de los indios”. Durante siglos, los warao se negaron a mantenerse en los pueblos misionales a donde habían sido llevados bajo engaño o por la fuerza, y de donde huían en cuanto podían, para volver a sus cenagosos morichales. 

Sin embargo, en la primera mitad de este siglo los misioneros capuchinos logran instalar misiones permanentes dentro del territorio warao. Paralelo a su arribo, y quizás por su influencia, los warao comenzaron a practicar otras formas agrícolas, las cuales fueron adaptando e incorporando sin graves tropiezos a su cultura. La adopción de nuevos cultivos permitía a los warao crear asentamientos más duraderos fuera de los morichales, comenzando así una época de mayor contacto con la sociedad criolla y haciéndose más accesibles a bongueros comerciantes, entidades oficiales, y, sobre todo, como mano de obra barata para la explotación del balata, la madera, el palmito y el cultivo comercial del arroz. Estas nuevas actividades económicas, junto con la acción misional, trastocaron compulsivamente el modo de vida warao. 

El trabajo asalariado y los cargos burocráticos, generaron, entre otras cosas, la estratificación de una sociedad, que hasta hace relativamente poco tiempo, había sido mayormente igualitaria La secularización y profanación del carácter originalmente ceremonial de gran parte de la vida warao, es otra de sus consecuencias. El warao ante la posibilidad de adquirir bienes de consumo costosos, como un motor fuera de borda, quedó atrapado en una relación de dependencia y endeudamiento perenne, que lo ha llevado la más de las veces, en nombre de la “modernización” y “civilización”, a arrastrar una vida de miseria, vacío espiritual y deterioro constante de su condición física y moral. 

Sin embargo, a pesar de la abundancia de cambios de todo género dentro del proceso de aculturación, los warao conservan gran parte de sus parámetros societarios fundamentales, dando muestras de una gran resistencia cultural. En la actualidad, las comunidades warao, al igual que el resto de la población indígena de Venezuela, vive una situación apremiante agravada por el hecho de que sus tierras, hasta hace poco zonas olvidadas y marginadas, han adquirido una relevancia inusitada por la riqueza potencial de sus suelos y subsuelos. Por tanto, es imposible tratar de comprender la situación indígena fuera del contexto y la dinámica nacional e internacional. 

Es importante señalar que para que el warao supere esta situación de deterioro humano y cultural, a la cual ha sido empujado, es necesario que tome conciencia de que su futuro está en sus manos, y no en las políticas paternalistas del Estado; que se aboque a consolidar su autogestión sobre los valores étnicos de su pueblo, apoyándose en la riqueza y vigencia de su cultura, de su conocimiento y creaciones ancestrales, para participar así en forma plena y creativa, en el quehacer histórico de la Venezuela de hoy. 

Esperamos que el trabajo realizado por maestros como Librado Moraleda contribuya a ese proceso de toma de conciencia y revalorización tan necesario para los warao, y que despertando nuevas fuerzas en su corazón puedan decir con orgullo, ahora más que nunca: ¡yo soy warao!

Fotografía: Kobe Senger, flickr.com

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