Un plan para erradicar el hambre

Por José Graziano da Silva, Director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. 

América Latina y el Caribe se encuentran en un momento decisivo de su historia. 

Gracias a los avances que han hecho en términos sociales, económicos y productivos, la región está a las puertas del desarrollo. En los próximos años, pueden repetir los errores que los países del primer mundo cometieron o pueden adoptar una ruta propia que los lleve al desarrollo plenamente sostenible, tanto en términos humanos como ambientales. Y este camino distinto empieza con la erradicación total del hambre. 

La buena noticia es que la región es plenamente consciente de ello y, a principios de 2015, los gobiernos de todos los países -reunidos en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, Celac- asumieron el compromiso formal de acabar con el hambre al año 2025, mediante el Plan de Seguridad Alimentaria, Nutrición y Erradicación del Hambre, el cual ha recogido las principales políticas y experiencias exitosas de los países de la región para crear una hoja de ruta hacia hambre cero. 

Se trata de una meta aún más exigente que la adoptada por la comunidad internacional a través de los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que fijaron el año 2030 como el plazo límite para lograr un mundo libre de hambre. 

Pero esta mayor ambición de América Latina y el Caribe está plenamente justificada: es la región mundial que ha logrado los mayores avances en la lucha contra el hambre, ya que más de 30 millones de personas han superado la subalimentación en la región en los últimos 25 años. 

Además, fue la única región del mundo en lograr las dos metas internacionales del hambre, tanto la de los Objetivos de Desarrollo del Milenio como de la Cumbre Mundial de la Alimentación, al reducir tanto su proporción como su número total de subalimentados a menos de la mitad desde los niveles de 1990.

Por FAO
Foto: Cultivos en la Habana Cuba.

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