Notas breves sobre ‘chocolate’

Chocolate, la palabra, apareció en francés la primera vez en 1598. Al principio llevaba una e al final; después la fue perdiendo. Según el Robert Historique, “la difusión de la palabra y el consumo de la sustancia (primero como bebida, después como pasta) acaso fueron favorecidos por el matrimonio de Luis XIV con la infanta de España”. Schokolade en alemán, según el diccionario Kluge, está registrada en el siglo XVII, pero no da el año exacto ni el texto en que apareció. También en inglés la primera aparición está al principio del XVII: exactamente en 1604, en la traducción de la historia de las Indias de Acosta: The chiefe vse of this Cacao is in a drinke which they call Chocolate, que decía en el original: “El principal beneficio d’este cacao es un brebaje que hacen, que llaman Chocolate, que es cosa loca lo que en aquella tierra le precian, y las Españolas hechas a la tierra se mueren por el negro chocolate.” 

En inglés el ‘cacao’, previsiblemente, había aparecido un rato antes, por ejemplo en The decades of the newe worlde or west India de 1555: In the steade [of money] the halfe shelles of almonds, whiche kynde of Barbarous money they caule cacao or cacanguate: en lugar de dinero, se usaban mitades de almendras, moneda bárbara que los mexicanos llaman cacao o cacanguate… (Paréntesis: el de Diccionario de Autoridades aclara, en 1729, que “en algunas partes de las Indias” ese dinero sirve “para pagar los picos y restos de las cantidades mayores, y acabalar las partidas”.) 

Obviamente, cacao y chocolate llegaron primero al español. Ya están en las cartas de Cortés (1519-1526): “Esta provincia de Cupilco es abundosa desta fruta que llaman cacao y de otros mantenimientos de la tierra y mucha pesquería” o “y que los de Ystapan y los de aquel pueblo los habían asegurado y se venían con ellos aquella gente en cuatro canoas a verme y me traían maíz y miel y cacao y un poco de oro”. Y por supuesto en La Historia general de las cosas de la Nueva España (1540-1585) de fray Bernardino, tal vez el mejor libro de la Colonia, donde enlista los chocolates que “usavan los señores en acabando de comer”; el catálogo es sonoro y bello y antojable: “Sacavan muchas maneras de cacao, hechos muy delicadamente, como son xoxouhqui cacaoacintli, cacao hecho de maçorca tierna de cacao, y es muy sabrosa de bever; cuauhnecuyo cacáoatl, ‘cacao hecho con miel de avejas’; xochyo cacáoatl, ‘cacao hecho con ueinacatzli’; xoxouhqui tlilxochyo, ‘cacao hecho con tlixóchitl tierno’; chichíltic cacáoatl, ‘cacao hecho colorado’; uitztécul cacáoatl, ‘cacao hecho bermejo’; xuchípal cacáoatl, ‘cacao hecho naranjado’; tlític cacáoatl, ‘cacao hecho negro’; ítzac cacáoatl, ‘cacao hecho blanco’. Y dávanlo en unas xícaras con que se bebía, y son de muchas maneras…” 

Así describe fray Bernardino la actividad de “la que vende cacao hecho para bever”: 

Muólelo primero en este modo: que la primera vez quiebra y machuca las almendras; la segunda vez van un poco más molidas; la tercera y postrera vez muy molidas, mezclándose con granos de maíz cozidos y lavados; y ansí molidas y mezcladas les echan agua en algún vaso. Si les echan poca, hazen lindo cacao, y si mucha, no hazen espuma. Y el que lo sabe hacer bien hecho, vende cacao lindo, y tal que los señores lo beven blando, espumoso, bermejo, colorado y puro sin mucha masa. A las vezes les echan especies aromáticas, o alguna agua rosada. Y el cacao que no es bueno tiene mucha masa y mucha agua, y ansí no hace espuma, sino unos espumarajos. 

¡Ah, mi reino por un chocolate blando, espumoso, bermejo, colorado y puro sin mucha masa!


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