Comercio Justo y Objetivos de Desarrollo Sostenible

Desde sus inicios, el enfoque de desarrollo del comercio justo ha sido “multi-dimensional”, abordando los aspectos económicos, sociales, ambientales y de empoderamiento ciudadano típicos del desarrollo sostenible; un enfoque “multi-nivel”, desde el nivel local de las asociaciones de productores, hasta el nivel global, pasando por redes nacionales, redes de productores a nivel continental y un sistema internacional que permite compartir experiencias, aprender de programas regionales y globales, incidir a nivel global para llegar a resultados locales. 

Además, siempre ha sido un enfoque “multi-stakeholders”, con la participación de diferentes actores (productores, exportadores, importadores, compradores, consumidores finales, organizaciones de la sociedad civil, instituciones públicas, academia, escuelas, etc.) a lo largo de toda la cadena comercial. Estos actores trabajan juntos temas comerciales, de sensibilización y de políticas públicas diferenciadas, entre otros. Han construido, desde abajo, una verdadera alianza para el desarrollo o el buen vivir “glocal”. 

Desde sus experiencias pioneras, el movimiento por un comercio justo y solidario lleva por lo menos 70 años. Las características arriba mencionadas se vieron reflejadas muy claramente en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, en el año 2000; de hecho, el movimiento representa, de por sí, una “Alianza Mundial para el Desarrollo” (ODM 8). En la actualidad, en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), se hizo más evidente la necesidad de una convergencia de propuestas y acciones, así como de corresponsabilidad entre todos los actores, públicos, privados y de la sociedad civil, en todo el mundo. Algo que siempre subrayamos desde la Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de Pequeños Productores y Trabajadores de Comercio Justo (CLAC), por ejemplo, es la necesaria asunción de responsabilidad en cuanto a los efectos drásticos que está teniendo el calentamiento global en la vida diaria de los pequeños productores y comunidades rurales. Y para frenar eso, hace falta una acción conjunta, una corresponsabilidad a todo nivel. 

Tanto el sistema Fairtrade International a nivel global, como CLAC en América Latina y el Caribe, representan actores clave en la construcción de alianzas público-privadas para alcanzar un desarrollo más equitativo y sostenible. Sobre todo desde comienzos del 2016, ambas organizaciones están promoviendo nuevamente el enfoque de desarrollo del comercio justo para “revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible” (ODS 17). Vale la pena aquí mencionar dos breve publicaciones para seguir profundizando en el comercio justo como enfoque y herramienta concreta para el desarrollo sostenible: “Sustainable Development Goals and Fairtrade: the case for partnership” y “El Comercio Justo y los Objetivos de Desarrollo Sostenible: un compromiso de todos”. 

¿Por qué el comercio justo es tan importante para lograr los ODS? Desde su enfoque, el comercio justo responde a muchos de los desafíos que se plantean globalmente. A través del fortalecimiento de las organizaciones de productores y la construcción de canales de comercialización diferenciados, el comercio justo garantiza a las poblaciones rurales más vulnerables el acceso a recursos, bienes y servicios, de los cuales, de otra manera, serían excluidos (Meta 1.4). Fomenta las inversiones en productividad agrícola, generando mayores oportunidades para los “productores de alimentos en pequeña escala, en particular las mujeres, los pueblos indígenas, los agricultores familiares” (Meta 2.3). Promueve prácticas agrícolas resilientes (2.4), sensibiliza y capacita sobre adaptación y mitigación al cambio climático (13.3), fomenta “el uso sostenible de los ecosistemas terrestres y los ecosistemas interiores de agua dulce” (15.1), la reforestación y la conservación de los ecosistemas y la biodiversidad (15.4 y 15.5, entre otros). Promueve “la participación plena y efectiva de las mujeres y la igualdad de oportunidades de liderazgo a todos los niveles decisorios en la vida política, económica y pública” (5.5); y suma esfuerzos de muchos actores para erradicar el trabajo forzoso y la explotación infantil (8.7), promoviendo entornos laborales dignos (8.8). 

A través de las inversiones del premio social, además, incrementa las oportunidades de escolarización y educación de los hijos de los productores (ODS 4), o permite inversiones comunitarias en servicios de agua potable y saneamiento (ODS 6). A través de la incidencia, promueve políticas diferenciadas para “el acceso de las pequeñas industrias y otras empresas, particularmente en los países en desarrollo, a los servicios financieros, incluidos créditos asequibles, y su integración en las cadenas de valor y los mercados” (meta 9.3). 

Pero sobre todo, en el comercio justo trabajamos todos los días para “reducir la desigualdad en los países y entre ellos” (ODS 10), a través de una plena dignificación del trabajo y la promoción de la economía solidaria; y para “garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles” (ODS 12). He aquí el verdadero objetivo del movimiento. La pobreza, las desigualdades, la explotación infantil, los derechos humanos, la soberanía alimentaria, el cambio climático, la sostenibilidad de los suelos, la gestión del agua, y todos los elementos relacionados con los ODS, a final de cuentas dependen de QUIÉNES, QUÉ y CÓMO estamos produciendo, comercializando y consumiendo. 

Por Marco Coscione 
Fotos: CLAC y Sustainability poster vía Flickr / Creative Commons

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