Los países comparten lecciones frente a los retos del cambio climático para la agricultura

Aprender de experiencias exitosas de agricultura "climáticamente inteligente" 

Dentro de los esfuerzos para avanzar hacia una agricultura "climáticamente inteligente", los países han compartido nuevas experiencias sobre como producir alimentos de forma que se ayuda a los campesinos a enfrentarse al impacto del cambio climático y a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en la agricultura. 

Este intercambio tuvo lugar en un evento lateral celebrado este miércoles durante el Consejo de la FAO (24-28 de abril) 

Mientras que los países trabajan en la implementación de las contribuciones determinadas a nivel nacional (CDN) -las iniciativas que están tomando en el marco del Acuerdo de París - el evento brindó la oportunidad de aprender de aquellos que lideran la agricultura "climáticamente inteligente". 

La "agricultura climáticamente inteligente" (CSA, por sus siglas en inglés) es un enfoque dirigido a transformar los sistemas alimentarios, que persigue un aumento sostenido de la productividad, implementando a la vez estrategias de adaptación al cambio climático y reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero siempre que sea posible, con el objetivo de alcanzar la seguridad alimentaria en el contexto del incremento del cambio climático.
 
Agricultura climáticamente inteligente para transformar la vida de las personas en Tanzania 
En Tanzania, las pérdidas estimadas en el sector agrícola debido al cambio climático alcanzan unos 200 millones de dólares EEUU al año. Para hacer frente a este problema, el gobierno ha armonizado la agenda climática con las políticas de desarrollo agrícola y seguridad alimentaria, y las consideraciones sobre el cambio climático se integran ahora en la planificación y el presupuesto nacionales de desarrollo. El país africano tiene también la intención de invertir más en investigación sobre la CSA para tomar decisiones informadas e involucrar a socios privados para catalizar inversiones adicionales en el sector. 

El enfoque de la política nacional de Tanzania se ha desplazado así hacia la creación de resiliencia frente al cambio climático en los sistemas agrícolas y de producción alimentaria, y al fomento de la adopción de una agricultura "climáticamente inteligente", en particular entre los pequeños campesinos vulnerables. 

Por ejemplo, hace varios años se introdujeron técnicas de cultivo de arroz que utilizan menos agua en cinco regiones de Tanzania: Morogoro, Iringa, Zona de los Lagos, Shinyanga y Mbeya, y ahora las utilizan cerca del 30 por ciento de todos los productores arroceros en esas zonas. Los campesinos han visto ya aumentar el rendimiento, a la que vez que usan menos recursos hídricos, algo particularmente importante en estas zonas propensas a la sequía, y están deseosos por cambiar a nuevas variedades de semillas de arroz. 

Las prácticas de agricultura de conservación -implementadas en la Zona de los Lagos-, han mostrado igualmente su eficiencia. Incluían el uso de variedades de semillas mejoradas de yuca, maíz, sorgo y algodón -tolerantes a las sequías y la escasez de agua-, y el uso de fertilizantes orgánicos como estiércol para aumentar la fertilidad del suelo. Como resultado, la productividad en las áreas que practican la agricultura de conservación se ha casi cuadruplicado en comparación con las áreas cultivadas de manera tradicional. 

Los investigadores nacionales han desarrollado también razas especiales de vacas lecheras de alto rendimiento y las han introducido sobre el terreno, permitiendo a los criadores reducir el número de cabezas de ganado a la vez que aumentan sus ingresos. Esto, a su vez, ayudó a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en la producción ganadera y evitar que los animales al pastar dañasen los cultivos. 

Hacer frente a los desastres naturales en Viet Nam 
En Viet Nam, cerca de 700 000 hectáreas de arroz y otros cultivos alimentarios resultaron fuertemente dañadas por los desastres naturales provocados por el clima en 2016. Como resultado, la producción arrocera disminuyó en 800 000 toneladas, y alrededor de 1,1 millones de personas en las zonas afectadas corrieron un riesgo mayor de padecer inseguridad alimentaria. 

Para revertir esta preocupante situación, se han implementado numerosas medidas de adaptación al cambio climático y de gestión del riesgo de desastres a nivel nacional, subnacional y local. 

Por ejemplo, el área de cultivo de arroz en varias provincias del Centro se ha reconvertido a otros cultivos como árboles frutales y las uvas, que requieren menos agua y pueden servir como fuente alternativa de ingresos para los agricultores. Cuando la meteorología lo permite, la tierra puede volver fácilmente a producir arroz de nuevo. 

En las zonas de laderas de las regiones montañosas del norte y las provincias centrales de Viet Nam, se intercalan cultivos alimentarios anuales con bosques, árboles frutales o las plantaciones industriales. Estos sistemas agroforestales ayudan a los agricultores a diversificar sus ingresos, controlar la erosión del suelo y mejorar los ecosistemas y el medio ambiente. Además, ayudan a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y retienen el carbono. 

La integración de la acuicultura en producción agrícola y forestal es también una práctica ampliamente extendida en Viet Nam. Por ejemplo, el cultivo del camarón en los manglares en las provincias costeras del país proporciona medios de vida sostenibles a las comunidades costeras vulnerables, a la vez que permite conservar los recursos naturales. Además, los productos de la agricultura ecológica alcanzan precios superiores al garantizar niveles elevados de inocuidad que se emplean en su produccion. Con más de 180 000 hectáreas de manglares dedicados al cultivo del camarón hasta la fecha, los agricultores reciben ingresos estables de 1 600 dolares EEUU/ha al año. Al mismo tiempo, el valor de la protección de las costas se estima en alrededor de 800 dólares EEUU/ha anuales. 

En la cría doméstica de cerdos, se alienta a los ganaderos a utilizar biodigestores, que les permiten convertir los desechos en biogás usado luego para cocinar y el alumbrado. También crean purines ricos en nutrientes para fertilizar los arrozales. Ya se han instalado más de 35 000 biodigestores, lo que ha supuesto una reducción del 40 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero. 

Durante el evento organizado por la FAO, los participantes resaltaron la importancia de incorporar la agricultura "climáticamente inteligente" en las políticas y programas nacionales, promoviendo su práctica sobre el terreno a través de la formación y las Escuelas de campo en diversas zonas ecológicas. Insistieron además en la necesidad de ofrecer información información fidedigna a los campesinos sobre el cambio climático y de invertir en investigaciones basadas en pruebas objetivas sobre la agricultura adaptada al clima cambiante.

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