Conny Barahona pinta su futuro de amarillo

Conny Barahona sostiene con orgullo dos pequeñas y transparentes bolsas de chips. Son de color amarillo y tienen un aspecto ligeramente diferente al de cualquier otro chip. Son hojuelas de yuca. “Todo natural y casero, hasta el aderezo que le pongo: sal, limón y chile”, dice con una sonrisa esta agricultora nicaragüense de 53 años. 

Hace aproximadamente un año, Conny comenzó a cultivar una variedad de yuca llamada INTA Amarilla. Contrariamente a las variedades de yuca que se cultivan en la zona, la pulpa no es blanca sino amarilla, gracias a su contenido de betacaroteno (4 ppm), un importante precursor de micronutrientes de la vitamina A, que se requiere en pequeñas cantidades para el normal funcionamiento de la visión, el crecimiento, la reproducción y la función inmune. 
Conny Barahona.
La INTA Amarilla o CM 6119-5, su número de registro al salir del Banco de Germoplasma del CIAT en el año 2004, a través de la Corporación Clayuca, fue especialmente mejorada y validada por el Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA) y puesta al servicio de los agricultores en el año 2015 como una variedad con alto contenido nutricional. 

Pero INTA Amarilla tenía otra característica que empezó a llamar la atención de los productores del Pacífico y Sur del país: produce hasta tres veces más que variedades “criollas” como la Algodón. Con un adecuado manejo, que incluye la selección de la semilla, el control de malezas y el uso efectivo de fertilizantes, una manzana de INTA Amarilla (equivalente a 0,7 hectáreas) puede producir hasta 361 quintales (16,4 toneladas), frente a los 154 quintales que deja la yuca Algodón. 
Conny pertenece a una cooperativa de dieciséis pequeños agricultores de Masaya, en la región metropolitana de Managua, la capital del país. Estos productores trabajaron con el INTA y Clayuca para seleccionar variedades de yuca mejoradas como parte del Programa Regional de Investigación e Innovación por Cadena de Valor Agrícola (PRIICA). El programa fue implementado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) con financiamiento de la Unión Europea entre 2015 y 2017. 

Al igual que los demás campesinos, Conny se convenció fácilmente de adoptar INTA Amarilla después de ver los resultados en parcelas de demostración: es de consumo fresco e industrial con el 35% de materia seca, tiene buenas características culinarias (poca fibra y fácil pelado); el tiempo de cocción es de 25 minutos; es resistente a plagas como trips y enfermedades como cuero de sapo, además, es tolerante a bacteriosis, cercospora y antracnosis. 
Pero cuando la llevó al mercado, los consumidores se mostraron escépticos y no la compraron. Era nueva y diferente: la gente creía que era amarga por la coloración amarilla. Pero Conny no se dio por vencida. Comenzó a asistir a ferias de agricultores promovidas por INTA, ofreciendo degustación de yuca cocinada. También aprendió a agregar valor a sus propios productos en las clases organizadas por el INTA. Allí supo cómo preparar chips de yuca y ponerle su toque secreto. 

Cada sábado entre las nueve de la mañana y las dos de la tarde, Conny no solo vende alrededor de 100 bolsas de chips en el parque de la Catedral vieja de Managua, en las ferias que promueven las instituciones del Sistema Nacional de Producción, Consumo y Comercio (SNPCC). También ofrece chicha y buñuelos preparados con el mismo ingrediente: yuca amarilla. 
“Todo lo hacemos nosotros mismos. Mi hijo Hansel ayuda con la cosecha, y él y mis dos hijas Yuliza y Cristhel toman paquetes para vender en la universidad. Es nuestra pequeña empresa familiar”. 

Y esto realmente agrega valor. Un quintal de yuca fresca lo vende por 140 córdobas en el mercado, mientras en un buen día en la feria, ya como producto transformado, alcanza a llevarse a casa 1.200 córdobas, unos US$40. 

Conny está orgullosa de haber logrado enviar a sus tres hijos a la universidad y parte se lo debe a este nuevo emprendimiento. Yuliza es veterinaria y se queda en casa dando una mano con las preparación de los chips y reproduciendo ovejas pelibuey. Por su parte, Hansel, estudiante de ingeniería civil y Cristhel, de turismo sostenible, siguen involucrados en el negocio familiar. 

Hoy en día, la manzana y media que tiene sembradas con yuca amarilla le dejan 25 toneladas, una producción que sobrepasa la media de los agricultores que siembran la yuca tradicional, que llega a las diez toneladas por manzana. Conny sabe que su negocio es artesanal y por eso quiere convertirlo en una microempresa. Esa es su meta. Lo que Conny necesita es el acceso a un préstamo para mejorar su cocina y hacer que su negocio prospere. Ya hasta piensa en una futura certificación. 

En Masaya y en toda la región del Pacífico Sur hay otras tantas mujeres como Conny que han sabido aprender y emprender en busca de la superación de sus hijos. Muchas venden en las calles refrescos y buñuelos con el atributo de que son de yuca INTA Amarilla, más crujientes, más sabrosos. 

Por ahora, Conny y sus tres hijos seguirán levantándose a las tres de la mañana para freír las hojuelas de yuca amarilla y prepararse para las ventas diarias en las universidades de sus hijos y para la cita semanal en la tradicional plaza 22 de agosto, en el centro histórico de Managua.


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